La Cumbre del G20 en Johannesburgo, Sudáfrica, es la primera vez que el foro se reúne en suelo africano. El simbolismo es fuerte, pero lo que está en juego es mucho más importante. Como primer país africano que ostenta la presidencia del G20, Sudáfrica se ha comprometido a construir la agenda de desarrollo del Sur Global sobre „Solidaridad, Equidad, Sostenibilidad“.
El G20 se creó tras la crisis financiera asiática de 1997, cuando el mundo se dio cuenta de que la gobernanza económica mundial ya no podía ser configurada únicamente por las economías avanzadas. Las economías emergentes exigieron sentarse a la mesa.
Hoy, dos décadas después, cuando el G20 se ha convertido en un foro económico y de gobernanza más amplio, esta lógica es aún más convincente. El ascenso de Asia continúa, África está en la cúspide de la transformación demográfica y económica, y la supuesta hegemonía del Norte global está mostrando signos de fatiga, desde un crecimiento lento hasta una política fragmentada.
Esto convierte a la cumbre de Johannesburgo en un punto de inflexión para la gobernanza mundial y una prueba de si el G20 puede seguir siendo relevante en un mundo en el que el equilibrio de poder está cambiando rápidamente.
La Presidencia sudafricana es clara: sitúa las necesidades de los países en desarrollo en el centro. Las cuatro prioridades siguientes reflejan las limitaciones cotidianas que definen la vida en el Sur global:
Reforzar la capacidad de respuesta ante catástrofes
Las catástrofes relacionadas con el clima afectan de manera desproporcionada a los países en desarrollo, muchos de los cuales carecen de sistemas de alerta temprana, financiación para la adaptación o mecanismos de recuperación tras las catástrofes. En enero, en el Foro Económico Mundial, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa afirmó que la agenda de los líderes del G20 debería haber incluido la resiliencia ante las catástrofes.
Garantizar la sostenibilidad de la deuda de los países de renta baja
Más de 50 países en desarrollo están endeudados o al borde de la quiebra. El acceso a una financiación asequible sigue siendo difícil. El liderazgo de Sudáfrica en la convocatoria del Diálogo de Alto Nivel G20-África sobre la Deuda y el Coste del Capital ilustra este punto.
Promover una transición energética justa
Mientras los países ricos, que soportan la mayor parte de las emisiones excesivas de carbono, presionan a favor de una rápida descarbonización, muchas economías en desarrollo están preocupadas por los costes, la pérdida de puestos de trabajo y la inestabilidad que podrían seguir si la transición está mal financiada. Sudáfrica argumenta que la justicia climática debe significar no sólo reducir las emisiones, sino también desbloquear la financiación para que las transiciones energéticas creen empleo, construyan industria y amplíen el acceso.
Mejorar el uso sostenible de los recursos minerales y el crecimiento integrador
África posee muchos de los minerales esenciales para una economía ecológica mundial de vanguardia. La cuestión es si el continente volverá a quedar relegado a la extracción de materias primas para otros, o si ascenderá en la cadena de valor, se industrializará y explotará sus propios recursos.
El 7 de noviembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que ningún funcionario estadounidense asistiría a la cumbre del G20 de este año debido a lo que describió como „abusos contra los derechos humanos“ en Sudáfrica. Esta ausencia ensombrecerá y planteará dudas sobre el compromiso de las grandes potencias con el multilateralismo inclusivo.
Sin embargo, la historia demuestra que los foros internacionales suelen reaparecer en tiempos de crisis. El propio G20 surgió de la crisis en 1999. El colapso financiero mundial de 2008-09 lo transformó de una reunión ministerial a una cumbre de líderes. Hoy, con las tensiones geopolíticas y la fragilidad económica desafiando a las viejas instituciones, el G20 se enfrenta de nuevo a una disyuntiva: ¿renovarse o declinar?
Para Sudáfrica, este momento es a la vez un riesgo y una oportunidad sin precedentes. Así pues, la cumbre de Johannesburgo podría ser el momento en que el G20 se convierta en verdaderamente global, o el momento en que pierda relevancia frente a los marcos alternativos emergentes.
Acoger el G20 es un mandato continental para Sudáfrica. Con la inclusión de la Unión Africana en el G20 y su papel de anfitrión, los líderes africanos están enviando una señal de que la gobernanza mundial debe reflejar de manera significativa sus intereses.
El éxito de la cumbre dependerá de tres factores:
Claridad sobre las demandas del Sur global. La reforma de la deuda, la financiación en condiciones favorables, los fondos de adaptación al clima, el espacio para la política industrial y el acceso a la tecnología deben seguir sobre la mesa.
Unidad entre los países en desarrollo. La fragmentación ha debilitado históricamente la influencia del Sur global. Un enfoque coordinado, especialmente entre África y Asia, será crucial.
Compromisos concretos y controlables. Ya no basta con comunicados vacíos. El Sur Global necesita plazos, cantidades de financiación, mecanismos de entrega.
El mundo ha cambiado desde la fundación del G20 en los turbulentos años noventa. El Sur global debe impulsar las prioridades mundiales.
La Cumbre de Johannesburgo es una encrucijada. Si tiene éxito, puede reorientar al G20 hacia un futuro más integrador y orientado al desarrollo y reafirmar el multilateralismo en un momento en que el mundo más lo necesita. Si fracasa, el Sur global podría buscar cada vez más marcos alternativos para forjar su destino.
Este momento requiere liderazgo, y Sudáfrica tiene ahora tanto la oportunidad como la responsabilidad de proporcionarlo.
Kirtan Bhana
Thediplomaticsociety/gnews.cz - GH