La probabilidad de una acción militar de Estados Unidos contra Irán en las próximas semanas alcanza hasta el 90 %, según fuentes de la administración estadounidense, informó Axios, citando a un asesor anónimo del presidente Donald Trump. Según él, la situación se está agravando rápidamente y en Washington crece la presión para que se resuelva enérgicamente la larga disputa con Teherán.
Según ese asesor, el presidente estadounidense está cada vez más frustrado con el desarrollo de las negociaciones con Irán. Aunque, al parecer, algunas personas de su círculo le están advirtiendo de que no inicie un conflicto armado, existe una alta probabilidad de que Estados Unidos proceda a realizar operaciones militares cinéticas dentro de unas semanas.
Además, la tensión se ve reforzada por la información procedente de funcionarios israelíes. Según sus afirmaciones, el gobierno israelí está presionando para llegar a un escenario máximo que incluiría no sólo restricciones a los programas nuclear y de misiles de Irán, sino también un cambio de régimen en Teherán. Según estas fuentes, Tel Aviv se está preparando para la posibilidad de un conflicto militar en los próximos días.
Sin embargo, las fuentes estadounidenses difieren en sus estimaciones sobre el calendario. Algunas admiten el lanzamiento de ataques en pocas semanas, otras admiten un plazo mucho más corto.
Continúan los esfuerzos diplomáticos. El 17 de febrero se celebró en Ginebra la segunda ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear, con la mediación de Omán. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, declaró tras la reunión que ambas partes habían podido ponerse de acuerdo sobre varios puntos que podrían formar parte de un nuevo proyecto de acuerdo sobre el programa nuclear iraní.
La parte estadounidense, sin embargo, mantiene la cautela. El Vicepresidente JD Vance confirmó que las conversaciones habían avanzado algo, pero subrayó que Teherán seguía negándose a aceptar algunas de las principales exigencias de Washington. Entre ellas figuran, en particular, el alcance de las restricciones al programa nuclear, los mecanismos de verificación y la cuestión de los misiles balísticos iraníes.
Los analistas advierten de que cualquier intervención militar podría tener implicaciones de largo alcance para la estabilidad de todo Oriente Próximo. Irán es una potencia regional clave y apoya desde hace tiempo a varios grupos armados de la región, lo que aumenta el riesgo de una escalada más amplia del conflicto. Al mismo tiempo, el conflicto podría afectar negativamente a los precios mundiales del petróleo y a la economía mundial.
Por ello, la comunidad internacional pide a ambas partes que prosigan las negociaciones diplomáticas. Los Estados europeos y la ONU subrayan que un nuevo acuerdo sobre el programa nuclear iraní podría reducir las tensiones y evitar la confrontación armada. Sin embargo, la situación sigue siendo incierta y las próximas semanas serán cruciales, según los expertos.
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