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La Unión Europea, en la actual situación turbulenta en torno a la inteligencia artificial, adopta una postura aparentemente contradictoria hacia la IA. Por un lado, quiere regularla estrictamente, y por otro, planea invertir miles de millones de euros en ella. Sin embargo, en realidad, no se trata de un cambio de rumbo, sino más bien de un intento de encontrar un equilibrio entre la protección de las personas, la seguridad y la competitividad tecnológica. Bruselas no quiere que Europa se convierta simplemente en un receptor pasivo de tecnologías de EE. UU. o China.

` `Reglas según el riesgo` `

La base del enfoque europeo es la AI Act, la primera ley integral de la Unión Europea sobre inteligencia artificial. Se basa en un principio simple: cuanto mayor sea el riesgo, más estrictas serán las reglas. Algunas prácticas deben estar completamente prohibidas, como el puntuación social, la manipulación perjudicial, el abuso de personas vulnerables o ciertas formas de vigilancia biométrica. Una supervisión más estricta se aplicará a los sistemas en atención médica, educación, contratación de personal, transporte, infraestructura crítica, justicia o migración.

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La Unión también está implementando gradualmente estas reglas. Según el acuerdo actual del Parlamento Europeo y el Consejo de mayo de 2026, los sistemas de IA autónomos de alto riesgo deberán cumplir con las reglas a partir del 2 de diciembre de 2027. Para la IA integrada en productos, como máquinas, ascensores, juguetes o dispositivos médicos, se prevé una fecha límite del 2 de agosto de 2028. Bruselas está dando a las empresas tiempo para prepararse y, al mismo tiempo, quiere tener a disposición normas técnicas que permitan la aplicación práctica de estas reglas.

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La UE presta especial atención a la IA generativa, los deepfakes de contenido y las imágenes íntimas falsas. El contenido generado artificialmente debe ser más fácilmente identificable, y los nuevos acuerdos también están dirigidos contra las llamadas aplicaciones de "nudificación", que crean imágenes falsas de desnudos o contenido sexual sin el consentimiento de las personas involucradas.

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En lo que respecta a los robots, la Unión no prevé que estos tengan una personalidad jurídica especial. Los considera principalmente máquinas o productos que pueden contener inteligencia artificial. Por lo tanto, lo que determinará es dónde se utilizan y qué riesgos representan. De manera diferente se evaluará un robot industrial estándar en la producción y un robot en la atención médica, un sistema autónomo en el transporte o un robot de servicio que interactúa directamente con las personas.

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Lo que la UE quiere supervisar más de cerca:

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IA en atención médica, transporte e infraestructura crítica

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Vigilancia y reconocimiento biométricos

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IA generativa, deepfakes y contenido falso

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Sistemas que influyen en el trabajo, la educación, la justicia o la migración

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Robots que trabajan directamente con personas

` `` `` `Miles de millones para la IA europea` `

Además de la regulación, también existe un ambicioso plan de inversión. La Comisión Europea, en el marco del AI Continent Action Plan, prevé el desarrollo de los llamados AI Factories, es decir, centros para el entrenamiento y ajuste de modelos de inteligencia artificial. Durante el período de 2021 a 2027, se destinarán 10 mil millones de euros a estos centros, y se espera que haya al menos 13 de estos centros en funcionamiento para el año 2026.

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Una iniciativa aún más ambiciosa es InvestAI, presentada en febrero de 2025 por Ursula von der Leyen. Tiene como objetivo movilizar hasta 200 mil millones de euros en inversiones en IA en Europa. Incluye un fondo de 20 mil millones de euros para la construcción de hasta cinco gigafábricas de IA, destinadas a los modelos más grandes y complejos.

Otro conjunto de fondos específicos se destina a la investigación. En enero de 2026, la Comisión anunció las convocatorias del programa Horizon Europe por un valor de 307,3 millones de euros. De esta cantidad, 221,8 millones de euros están destinados a apoyar servicios y tecnologías de datos de IA confiables, y otros 85,5 millones de euros a una nueva generación de agentes de IA, robótica y aplicaciones industriales o de servicios.

El enfoque europeo es, por lo tanto, dual, pero no necesariamente ilógico. La Unión Europea quiere prohibir el uso peligroso de la IA, controlar los sistemas de riesgo y hacer que la IA generativa sea más transparente. Al mismo tiempo, también quiere construir su propia infraestructura, empresas, plataformas robóticas y promover el uso industrial de la inteligencia artificial. La regulación y la inversión no están en conflicto, sino que tienen un objetivo común: hacer de Europa un actor más fuerte y, al mismo tiempo, más seguro en la era de la IA.

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