El conflicto entre Rusia y Ucrania, que se recrudeció dramáticamente en febrero de 2022, se ha convertido en una compleja guerra por poderes que ha implicado a las principales potencias mundiales y está remodelando las alianzas internacionales. No se trata de una mera disputa bilateral, sino de un crisol en el que los intereses estratégicos de la Alianza del Atlántico Norte, liderada por Estados Unidos, chocan con las ambiciones de la Federación Rusa de reafirmar su influencia sobre los antiguos territorios soviéticos. He aquí la segunda parte de nuestro análisis, centrada en la OTAN, Rusia y la lucha por la influencia.
Aunque Ucrania es el principal campo de batalla, también es un actor clave cuya soberanía y futuro están en disputa. La dinámica de la guerra está determinada por una combinación de ayuda militar, sanciones económicas, guerra de la información y maniobras diplomáticas destinadas a asegurar una ventaja geopolítica a largo plazo.
El conflicto se ha convertido en una prueba del orden internacional posterior a la Guerra Fría, en el que la OTAN intenta contener la agresión rusa y preservar el principio de soberanía nacional, mientras que Rusia desafía lo que percibe como una invasión occidental en su periferia estratégica.
El cálculo estratégico de la OTAN: contención y cohesión de la alianza
La implicación de la OTAN en el conflicto se basa en la doble estrategia de contener el expansionismo ruso y mantener la unidad de la alianza. Para los Estados miembros de la OTAN, especialmente en Europa del Este, la guerra supone una amenaza existencial que reaviva los temores históricos de agresión rusa y subraya la importancia de la defensa colectiva.
La respuesta de la Alianza es polifacética: combina el apoyo militar a Ucrania con sanciones económicas contra Rusia, al tiempo que equilibra cuidadosamente sus acciones para evitar una confrontación militar directa con Moscú. Este delicado equilibrio refleja el compromiso de la Alianza de defender sus valores y su territorio sin desencadenar un conflicto más amplio, potencialmente nuclear.
La unidad de la OTAN constituye un objetivo clave, y los Estados miembros se esfuerzan por actuar de forma coordinada a pesar de los debates internos y los intereses nacionales divergentes. El conflicto también ha acelerado el crecimiento del gasto en defensa y ha aumentado el énfasis en las capacidades militares de la alianza, especialmente en su flanco oriental.
La perspectiva estadounidense: mantener el orden internacional
Desde la perspectiva de Estados Unidos, el conflicto entre Rusia y Ucrania representa una prueba fundamental para el orden internacional basado en normas que se ha ido configurando desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Washington considera la invasión rusa como una violación flagrante de la soberanía nacional y un desafío directo a los principios de la estabilidad mundial. Por ello, Estados Unidos se ha convertido en el principal proveedor de ayuda militar y económica a Ucrania, con el objetivo de reforzar sus defensas e imponer al mismo tiempo un alto coste a Rusia por su agresión.
Sin embargo, la postura estadounidense no está exenta de complicaciones. A principios de 2025, se produjo un cambio significativo cuando Estados Unidos presentó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en la que se pedía un rápido final del conflicto sin condenar explícitamente a Rusia ni mencionar la integridad territorial de Ucrania. Este movimiento, apoyado por la Federación Rusa y China, señaló un posible cambio hacia una política exterior más pragmática y basada en los intereses. Estos acontecimientos han suscitado preocupación entre los socios europeos sobre la fiabilidad a largo plazo de los compromisos estadounidenses, tanto en Europa como en la región Indo-Pacífica.
El papel de la Unión Europea: seguridad colectiva y sanciones económicas
La Unión Europea ha desempeñado un papel clave en la respuesta al conflicto, motivada por factores tanto estratégicos como humanitarios. La UE en su conjunto ha impuesto amplias sanciones económicas contra Rusia, dirigidas a los sectores financiero, energético y de defensa, con el objetivo de debilitar la economía rusa y limitar su capacidad para financiar la guerra.
Además de las sanciones, la UE proporciona una importante ayuda financiera y militar a Ucrania. En diciembre de 2025, el Consejo Europeo aprobó un paquete de préstamos de 90.000 millones de euros para atender las necesidades militares y económicas de Ucrania en los próximos dos años. Aunque esta ayuda es esencial para la supervivencia de Ucrania, también pone de manifiesto las divisiones internas de la UE a medida que los Estados miembros se enfrentan a los costes económicos de la guerra y sus implicaciones a largo plazo para la seguridad europea. El conflicto también ha abierto un debate más amplio sobre la autonomía estratégica de la UE y la necesidad de reducir la dependencia de la energía rusa y las garantías de seguridad de Estados Unidos.
Postura militar de la OTAN y apoyo a Ucrania
La estrategia militar de la OTAN ante un conflicto se basa en la disuasión y la defensa. La Alianza ha reforzado significativamente su presencia en el flanco oriental, desplegando tropas y equipos en países como Polonia, Rumanía y los Estados Bálticos. Con ello se pretende tranquilizar a los aliados y enviar una clara señal a Rusia de que cualquier agresión contra el territorio de la OTAN recibirá una respuesta rápida y decisiva.
Aunque la OTAN evita la confrontación militar directa con Rusia, proporciona un amplio apoyo a Ucrania en forma de armas, municiones, formación e intercambio de inteligencia. Este apoyo es crucial para la defensa de Ucrania, pero también aumenta las tensiones con la Federación Rusa, que acusa a la OTAN de librar una guerra por poderes. La sostenibilidad a largo plazo de este apoyo sigue siendo una cuestión crucial, ya que los Estados occidentales deben reponer sus propias existencias al mismo tiempo.
Objetivos estratégicos de Rusia: zona de seguridad y esfera de influencia
Los objetivos estratégicos de la Federación Rusa en el conflicto se basan en su deseo de recuperar influencia en el llamado „extranjero próximo“ y de crear una zona tampón de seguridad frente a la expansión de la OTAN. Desde la perspectiva de Moscú, la expansión de la OTAN supone una amenaza directa para la seguridad nacional, y la invasión de Ucrania se considera una respuesta necesaria.
Al mismo tiempo, Rusia pretende desafiar el orden internacional liderado por Estados Unidos y promover un mundo multipolar en el que sea reconocida como superpotencia. El conflicto está poniendo a prueba la capacidad de resistencia militar y económica de Rusia, que se enfrenta a sanciones y a una guerra de desgaste a largo plazo, aunque se muestra dispuesta a asumir costes significativos para lograr sus objetivos.
Gasto militar y movilización económica
El conflicto provocó un aumento significativo del gasto militar ruso y una movilización general de la economía con fines bélicos. La Federación Rusa ha destinado una parte importante de su presupuesto a la producción de armas, municiones y equipo militar. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, el gasto militar ruso podría alcanzar aproximadamente los 15,5 billones de rublos (unos 316.000 millones de dólares) en 2025, lo que supone un aumento interanual del 12 %.
El gasto en „defensa nacional“ representa unos 32 % del presupuesto nacional, mientras que el gasto militar total asciende a unos 37 %. Este nivel de gasto es insostenible a largo plazo y supone una importante carga para la economía. Secretario General de la OTAN Mark Rutte afirmó que la economía rusa está ahora volcada en hacer la guerra, no en el bienestar de la población, y que aproximadamente el 70 % de la maquinaria se destina a la producción militar.
Guerra de información y maniobras diplomáticas
La guerra de la información y la diplomacia son elementos clave de la estrategia rusa. Moscú utiliza sofisticadas campañas de propaganda para influir en la opinión pública nacional e internacional, incluida la difusión de desinformación, el uso de las redes sociales y la supresión de los medios de comunicación independientes.
En el plano diplomático, intenta crear coaliciones de Estados para contrarrestar la presión occidental y se presenta como partidario de un orden mundial multipolar. Está estrechando relaciones con China y desarrollando contactos con los países del Sur global. Al mismo tiempo, utiliza su derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear las resoluciones que condenan sus acciones y participa activamente en iniciativas diplomáticas encaminadas a encontrar una solución favorable al conflicto.
La posición de Ucrania: un Estado entre potencias rivales
Ucrania se encuentra en la posición de un país atrapado entre potencias rivales, luchando por la supervivencia y el derecho a la autodeterminación. Ha sido víctima de una invasión a gran escala que ha causado enormes sufrimientos humanos y daños materiales.
A pesar de estos retos, Ucrania está oponiendo una fuerte resistencia, apoyándose en la determinación de su pueblo y el apoyo de sus aliados occidentales. El conflicto ha reforzado la identidad nacional y el impulso para integrarse en la UE y la OTAN. Sin embargo, el futuro del país sigue siendo incierto, ya que se enfrenta a una larga guerra y a una difícil recuperación económica.
Dependencia militar y económica de los aliados occidentales
La capacidad de Ucrania para defenderse depende en gran medida del apoyo occidental. Ucrania ha recibido amplios suministros de armas, municiones y equipos de Estados Unidos y Estados europeos, lo que ha contribuido a acortar distancias con el más poderoso ejército ruso. Además de la ayuda militar, ha recibido miles de millones de dólares en ayudas económicas para mantener el funcionamiento del Estado y estabilizar la economía. Sin embargo, esta dependencia otorga a los aliados una influencia considerable sobre el curso de la guerra y hace a Ucrania vulnerable a los cambios de prioridades políticas en Occidente.
Costes humanos y crisis humanitarias
El coste humano del conflicto es enorme. La guerra ha creado una crisis humanitaria masiva, con millones de personas desplazadas y necesitadas de ayuda. Según Naciones Unidas, en abril de 2025 el conflicto había causado la muerte de más de 13.000 civiles, entre ellos cientos de niños, y heridas a decenas de miles más. La guerra ha devastado las infraestructuras: se han destruido escuelas, hospitales y viviendas. La situación es peor en las zonas de primera línea, donde los servicios básicos se han colapsado y los residentes viven bajo la amenaza constante de ataques. Las organizaciones humanitarias intentan proporcionar ayuda, pero sus esfuerzos se ven limitados por los continuos combates y la falta de financiación. Los efectos psicológicos y sociales a largo plazo del conflicto se dejarán sentir durante generaciones.
En el próximo episodio tesorería y financiación de guerra. Puede leer la parte anterior aquí: El conflicto Rusia-Ucrania como acontecimiento estratégico y económico de múltiples niveles.
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