Cuadro trece. Ver este cuadro es sentir que la propia tierra tiembla bajo tus pies. No porque tiemble, sino porque está naciendo. Este momento, en el que la historia checa se enderezó y también tomó su primer aliento profundo de libertad hasta entonces disputada y sin el permiso de Roma, es algo que legítimamente debe sacudir un sentimiento eufórico en todos los presentes y en los ausentes desde hace mucho tiempo. Los años, los nombres y todas las fechas los conozco desde hace mucho tiempo, pero aquí, en este cuadro, dejan de ser mera historia y se convierten en un amplio concepto de la conciencia viva de la nación. Veo al rey Jorge de Poděbrady, fuerte, decidido, firme, tranquilo, inquebrantable. y ganando.
No como un gobernante con corona, sino como un hombre con responsabilidades. El enviado papal trae el viejo mundo: un mundo de derechos, amenazas y supuesta superioridad. Y contra él se alza un rey que no empuña una espada, sino una palabra. Una frase que suena como el tañido de una campana: „No hay nadie en esta tierra digno de juzgar mi conciencia“. En ese momento, siento un escalofrío y una fuerza de voluntad que sólo tienen los elegidos. No sólo porque es un desafío, sino porque es la verdad dicha sin miedo. Mi mirada se desliza hacia los detalles. Al niño de la esquina inferior derecha, cerrando un libro con la inscripción Roma finita. Qué gesto tan poderoso, tan sencillo y, sin embargo, fatídico. No hay destrucción, no hay ira, sólo el cierre silencioso y decisivo de uno de los capítulos no libres de la historia. Hay más revolución en ese movimiento, más que en mil batallas. Me doy cuenta de que aquí nace algo que trasciende toda nuestra religión: la libertad de conciencia, el derecho a dudar, el derecho a decidir por uno mismo.
La luz que entra por la ventana gótica no es aleatoria. Atraviesa el espacio como una confirmación de que este desafío no es oscuro ni herético, sino humano y justificado. Los rayos tocan los rostros, los libros, la piedra... y me parece que iluminan constantemente el hoy, pero también el futuro. Es como si me recordaran que la libertad nunca se crea gritando, sino con una actitud serena e inquebrantable. Salgo de este encuentro con un profundo respeto. No sólo a Jorge de Poděbrady, sino a toda la tradición husita que no tuvo miedo de enfrentarse a la autoridad cuando ésta dejó de servir a la verdad. Esta imagen -esta historia- no es sólo cosa del pasado. Es un espejo de la historia. Y en ella veo quiénes fuimos y quiénes deberíamos atrevernos a ser de nuevo. En nuestro tiempo, no se trata sólo de una cuestión actual, o de una cuestión histórica, sino de una cuestión que afecta a nuestra propia existencia. Referencia a la duodécima imagen. Leer más aquí
Jan Vojtěch, redactor jefe de General News