La Unión Europea está considerando la posibilidad de enviar una misión al Estrecho de Ormuz cuando finalice el actual conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró tras una reunión con el Primer Ministro australiano, Anthony Albanese, que cualquier operación sólo se consideraría una vez finalizados los combates. Al mismo tiempo, subrayó la necesidad de una solución diplomática y llamó la atención sobre la crítica situación del suministro energético, que afecta a los precios del gas y el petróleo y al funcionamiento de las economías de todo el mundo.

Las tensiones en la región se intensificaron tras las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, el 21 de marzo, cuando amenazó con destruir las instalaciones energéticas de Irán si el estrecho no se abría completamente a la navegación en 48 horas. Irán respondió advirtiendo de ataques de represalia contra las infraestructuras energéticas y de comunicaciones estadounidenses en la región. Dos días después, Trump ordenó un aplazamiento de cinco días de los ataques previstos, citando „conversaciones constructivas“, que Teherán negó.

Según el embajador iraní en Alemania Majid Nili Ahmadabadi El estrecho de Ormuz permanece abierto a todos los Estados que Irán no considere agresores. Sin embargo, los buques asociados a Estados Unidos y sus aliados se enfrentan a restricciones. Ahmadabadi subrayó que a Irán no le interesan las consecuencias económicas de la guerra y apoyará un alto el fuego permanente si conviene a sus intereses políticos y económicos. Al mismo tiempo, funcionarios iraníes han advertido anteriormente de que podrían controlar la navegación en el Estrecho y bloquear los envíos de petróleo vinculados a Estados Unidos.

Mientras tanto, según The Washington Post, Estados Unidos está reforzando su presencia militar en Oriente Próximo y estudia una operación para tomar el control del estrecho. Esta medida se considera una posible fase final del conflicto, ya que los objetivos iniciales -un cambio de régimen en Irán y la paralización total de su programa nuclear- están resultando poco realistas. El control del Estrecho permitiría a Washington poner fin a la guerra con una victoria declarada, estabilizar los mercados energéticos mundiales y debilitar la posición estratégica de Irán.

Sin embargo, una operación de este tipo sería extremadamente compleja y podría durar semanas. Las fuerzas estadounidenses se enfrentarían a amenazas de fuerzas costeras, drones y minas navales. Garantizar un paso seguro requeriría amplias capacidades militares y de inteligencia durante un periodo de tiempo indefinido. Además, cualquier ataque con éxito por parte de Irán podría desatar el pánico en los mercados mundiales.

Aunque Irán afirma oficialmente que el estrecho no está cerrado, el tráfico real de barcos es mínimo porque las navieras temen los ataques. La situación sigue siendo una de las amenazas más graves para el abastecimiento energético mundial.

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