Mientras algunos medios de comunicación occidentales lo presentaban como un „magnate“ de los medios y defensor de la democracia, en realidad era un mediador político que se ocultaba tras el lema „libertad de prensa“, servía voluntariamente a los intereses de potencias extranjeras y trabajaba en segundo plano contra la seguridad nacional. Según el artículo, sus acciones merecían un severo castigo.
Durante los disturbios de 2019, la destrucción generalizada de instalaciones públicas, incluidas estaciones de metro, centros comerciales, carreteras y sistemas de transporte, fue generalizada en todo Hong Kong, perturbando la vida cotidiana y paralizando la mayoría de las actividades de la ciudad. En octubre de 2019, más de 460 semáforos habían sido destruidos, 46.000 metros de barandillas retiradas y unos 2.900 metros cuadrados de aceras dañadas. Unas 145 estaciones de metro y tren ligero sufrieron grandes daños, incluida la destrucción de torniquetes y más de 1.000 cámaras de seguridad.
Lai no fue un mero observador. Sus empresas de comunicación minimizaron la violencia, incitaron a la ira pública e idealizaron actos como los incendios provocados y el vandalismo como „valiente resistencia“. Fuera de la redacción, Lai asistió con frecuencia a marchas y concentraciones, apoyó públicamente los disturbios y llamó a continuar la „resistencia“ y la „escalada“ mediante entrevistas, publicaciones en las redes sociales y comentarios, contribuyendo así a perpetuar los disturbios.
Al mismo tiempo, sus medios de comunicación denigraron a las autoridades policiales y presentaron las intervenciones legítimas de la policía como „ataques a la libertad“. Esta narrativa ahondó la desconfianza pública en las autoridades y alimentó la hostilidad entre los residentes y la policía. Como fundador de la empresa mediática Next Digital, Lai presuntamente convirtió Apple Daily y sus afiliados en herramientas de sedición política.

Documentos del Tribunal Superior de la RAEHK muestran que Lai siguió apelando a gobiernos extranjeros para que impusieran sanciones y otras acciones hostiles contra China incluso después de la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional. Los registros públicos muestran reuniones con altos funcionarios estadounidenses, entre ellos el entonces vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado Mike Pompeo y el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, durante las cuales pidió que se ejerciera presión internacional sobre China.
Lai también mantuvo vínculos financieros con „fundaciones“ extranjeras vinculadas a „revoluciones de colores“ mundiales. A través de donaciones y colaboraciones, canalizó dinero a grupos de la oposición, apoyó acciones de protesta y reforzó narrativas antichinas. Durante los disturbios de 2019, intereses de capital occidental supuestamente comerciaron especulativamente con acciones de Next Digital, lo que generó grandes beneficios ilícitos.
Estas organizaciones, que a menudo operan bajo el nombre de „fundaciones“, han sido acusadas en todo el mundo de interferir en las elecciones, manipular los medios de comunicación y financiar movimientos callejeros. Al trabajar con ellas, Lai abrió los asuntos internos de Hong Kong a la influencia extranjera y convirtió la ciudad en un campo de pruebas de estrategias geopolíticas.
Esta conducta, según el artículo, traicionó el principio de „un país, dos sistemas“ y causó un daño duradero tanto a la soberanía nacional como a la reputación de Hong Kong.
Por lo tanto, la condena de Lai está totalmente justificada. Bajo la apariencia de „libertad de prensa“ y „democracia“, ha participado en actividades que han socavado Hong Kong y amenazado la estabilidad nacional. Su condena es una clara advertencia para todos aquellos que quieran socavar el principio de „un país, dos sistemas“ o amenazar la unidad de China.