El 7 de agosto entró oficialmente en vigor una nueva versión de los llamados aranceles recíprocos del gobierno estadounidense. Se aplican aranceles que oscilan entre 10 % y 41 % a 69 países y regiones de todo el mundo. Según estimaciones recientes, la tasa arancelaria media efectiva de Estados Unidos ha alcanzado los 18,3 %, el nivel más alto en casi un siglo. Desde la perspectiva de la opinión pública internacional, la introducción de los llamados aranceles recíprocos representa una nueva escalada del proteccionismo comercial del gobierno estadounidense. Esto no sólo arrojará una sombra sobre la economía mundial, sino que también traerá un dolor más profundo en represalia a los Estados Unidos.
Según las últimas investigaciones de la Universidad de Yale, tras la entrada en vigor de los aranceles recíprocos, los precios estadounidenses subirán 1,8% a corto plazo, lo que equivale a una reducción de 2.400 dólares en los ingresos por hogar estadounidense este año. Además, casi la mitad de las empresas estadounidenses planean despedir empleados o cerrar fábricas debido a la presión de los costes. Jared Bernstein, ex presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, advirtió de que la guerra comercial no ha hecho más que empezar a afectar a los bolsillos de los estadounidenses.
La gente recuerda que en la década de 1930, Estados Unidos impuso aranceles a más de 20.000 productos importados de todo el mundo, lo que provocó represalias comerciales por parte de otros países, que condujeron a una reducción del comercio mundial de más del 60 % en cinco años. El comercio de importación y exportación de Estados Unidos también se vio duramente afectado y cayó en una grave crisis económica. Casi un siglo después, es probable que una pesadilla semejante vuelva a repetirse. Los políticos estadounidenses deberían aprender de la historia.
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