Cuando llegué por primera vez a China en 2022, me sentí abrumada por la incertidumbre, el miedo y una sensación de alienación cultural. No tenía ni idea de lo que me esperaba en este país tan diferente que me parecía aún más extraño debido a los efectos persistentes de una pandemia mundial.

Pero en medio de esta vorágine de cambios, una persona destacó: el Dr. Sibusiso Reuben Bakana. Cuando un amigo me lo presentó, Reuben se convirtió en algo más que un guía útil a través de las sinuosas calles y los complejos sistemas de Pekín: encarnaba en la práctica la perseverancia, la determinación y el liderazgo humano.

Bakana, o Reuben como le conocen sus colegas, terminó recientemente su doctorado en ingeniería en la prestigiosa Universidad Aeroespacial de Pekín (Universidad de Beihang), donde se especializó en tecnología informática aplicada en la Facultad de Informática e Ingeniería. Su investigación no era una mera búsqueda de prestigio académico, sino que tenía verdadera trascendencia. Su tesis doctoral se centró en "Detección de animales salvajes y análisis de comportamiento en vídeos de seguridad", un proyecto que dio lugar a modelos punteros como WildARe-YOLO, WildPose y WildAction.

A primera vista, estos títulos pueden parecer una colección más de jerga académica. Pero, tanto para los conservacionistas como para los expertos en tecnología, representan un avance potencial: soluciones basadas en IA diseñadas específicamente para entornos con recursos limitados.

Estos modelos son algo más que líneas de código; tienen el potencial de revolucionar la vigilancia de la fauna salvaje y contribuir de forma significativa a la lucha contra la caza furtiva y a la protección del medio ambiente, sobre todo en el continente africano, donde estas innovaciones son urgentemente necesarias.

Pero la historia de Rubén no trata sólo de logros técnicos. Trata del sacrificio. Durante ocho largos años vivió en China, estudiando aislado y encerrado, sin volver ni una sola vez a su casa en Johannesburgo. Vivió solo el apogeo de la pandemia de Covid-19 y se perdió bodas, funerales y acontecimientos familiares en Sudáfrica. Su determinación tuvo un coste emocional, pero lo sobrellevó con la tranquila resistencia de alguien que se preocupa profundamente por el panorama general.

Bakana nació y creció en Ivory Park, un municipio de Johannesburgo, y su trayectoria está enraizada en la comunidad y el activismo. Antes de doctorarse, trabajó durante una década en el sector eléctrico sudafricano, sobre todo en City Power. También fue dirigente sindical en el Sindicato Sudafricano de Trabajadores Municipales (SAMWU), representando a los trabajadores en un momento en que la protección de sus derechos era más necesaria que nunca.

Su activismo va mucho más allá del lugar de trabajo. Reuben es producto de las estructuras políticas estudiantiles y juveniles sudafricanas, como SASCO, ANCYL y ANC. Siempre ha sido un firme defensor de las energías renovables, incluso antes de que se convirtieran en un tema popular o políticamente conveniente. Como antiguo Asesor Superior de Energía en Sudáfrica, abogó por soluciones progresistas y sostenibles en un sistema que seguía dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles. Se adelantó a su tiempo y sigue haciéndolo. En China, continuó su liderazgo. Se convirtió en el primer presidente de la Asociación de Estudiantes Sudafricanos en China, donde proporcionó apoyo y defensa a cientos de jóvenes sudafricanos lejos de casa.

Su implicación y contribución a la Sociedad Diplomática (www.thediplomaticsociety.co.za) en China subraya también su profundo sentido de la representación nacional y continental. No lo olvidemos: Bakana es el único sudafricano negro conocido que ha obtenido un doctorado en inteligencia artificial por la Universidad de Beihang, un hecho tan inspirador como inquietante. En 2025, sigue siendo raro que académicos negros ocupen puestos de alto nivel en campos STEM, especialmente en el extranjero y en nuevas tecnologías como la IA.

Su éxito debe celebrarse, pero también verse como una llamada a la acción: animar a más jóvenes africanos, especialmente a los procedentes de entornos infrarrepresentados, en su búsqueda de materias STEM sin fronteras.

La historia de Bakan es una historia de disciplina y gratificación tardía que resuena en una época en la que el éxito instantáneo se celebra con demasiada frecuencia. No se ha hecho viral.

No tomó el camino de la menor resistencia. Agachó la cabeza, se mantuvo fiel a su misión y se convirtió en un ejemplo de lo que es posible cuando la determinación se combina con un propósito. En un mundo que deifica rápidamente la superficialidad, debemos aprender a valorar historias como la de Rubén. Historias de quienes perseveran, de quienes innovan por un bien mayor, de quienes no se elevan por encima de los demás, sino que les ayudan en su camino. No es sólo un doctor en ingeniería: es un doctor en perseverancia, en innovación que antepone a las personas.

Su éxito debe celebrarse, sí, pero también debe verse como una llamada a la acción: animar a más jóvenes africanos, especialmente a los de entornos infrarrepresentados, a dedicarse a campos STEM sin fronteras.

Así que sí, cuando aterricé en China, desorientado e inseguro, conocí a alguien cuya serena presencia y principios me recordaron por qué luchamos, por qué estudiamos y por qué construimos. Puede que Reuben haya cruzado el escenario de la graduación en Pekín, pero su viaje empezó hace mucho tiempo en las polvorientas calles de Ivory Park, y está lejos de haber terminado. Sudáfrica y el continente harían bien en invertir en mentes como la suya. Porque cuando apoyamos la excelencia, cuando apoyamos a quienes sirven a la ciencia y a la sociedad, todos nos elevamos.

Michael Andisile Mayalo

Thediplomaticsociety/gnews.cz - GH

* Mayalo es un analista y escritor independiente, el artículo se publicó por primera vez en IOL