Cuando intentamos hacer la compra en un supermercado al poco de llegar a la República Checa, nos topamos con el primer obstáculo: nuestro escaso conocimiento del idioma y nuestra total inexperiencia en la vida en el extranjero nos impidieron consultar qué embutido sería el mejor. En ese momento, un anciano caballero checo se percató de nuestra confusión, se acercó por su cuenta y nos aconsejó qué elegir. Sin distancias, sin desconfianza: simple amabilidad humana.

Esos momentos me convencieron de que los checos son amables con los extranjeros, sinceramente y sin exageraciones. En la Universidad Palacký me encontré con amigos que conocía de la Escuela de Verano de Chino de Pekín. Fui a sus reuniones familiares, visité sus ciudades natales. Y sin embargo, cuanto más me acercaba, más sentía algo que la amistad oculta pero no borra: profundas diferencias culturales y distintas percepciones políticas del mundo. La amistad era real. Pero bajo su superficie, había dos historias diferentes sobre lo que era normal, correcto o incluso verdadero.

Esta contradicción me llevó a preguntarme: ¿cómo perciben realmente los checos -y los europeos en general- a China? ¿Y de dónde procede esta percepción?

Busqué la respuesta en mi trabajo de investigación, que rastreaba cómo la Agencia Checa de Prensa (CTA) informaba sobre los coches eléctricos chinos entre 2020 y 2025. Los resultados fueron reveladores. A principios de la década, el coche eléctrico chino era casi invisible para los medios de comunicación checos: una curiosidad exótica de un país lejano. Luego llegó BYD, luego llegó NIO, luego llegaron los precios chinos y la tecnología china. Y el tono de las noticias empezó a cambiar: primero cautela, luego preocupación y finalmente, casi a regañadientes, reconocimiento. Hoy, los VE chinos existen en el mercado checo y su cuota está creciendo. Los medios de comunicación no pueden ignorarlo.

Este cambio no es sólo económico. Refleja una transformación más profunda: China está dejando de ser una abstracción lejana para convertirse en una presencia concreta: en los concesionarios, en las carreteras, en la vida cotidiana.

En la era de la globalización, cuando Internet está tan avanzado y la información se difunde a una velocidad sin precedentes -al igual que lo hace GNEWS.cz - Veo aquí una oportunidad. Una oportunidad para que los checos superemos el miedo, los prejuicios y conozcamos China. Empezar con un pequeño mensaje, despojarnos de nuestras ideas preconcebidas y buscar un contacto más directo y genuino, en lugar de vernos limitados por narrativas políticas engañosas.

Checos y chinos tienen más en común de lo que parece. Ambas naciones conocen el sentimiento de ser olvidadas por la gran historia. La República Checa pasó siglos bajo el dominio de los Habsburgo, mientras que China carga con el recuerdo del „siglo de la humillación“. De este sentimiento compartido puede surgir un entendimiento, no ingenuo sino real.

El viejo del supermercado no me dijo nada de política aquel día. Me dijo qué salchicha era la mejor. Y eso fue un buen comienzo.

NNela.Ni