Los robots de reparto se están convirtiendo en una parte cada vez más común de la vida urbana. Estas pequeñas máquinas autónomas que transportan alimentos, productos o pequeños paquetes se están expandiendo rápidamente por las calles de ciudades de todo el mundo. Mientras que los operadores destacan sus beneficios ecológicos y una mayor eficiencia en la entrega, parte del público y algunas administraciones locales señalan posibles riesgos de seguridad y complicaciones para los peatones.

Los robots autónomos operan hoy en día no solo en los Estados Unidos, sino también en el Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Alemania. Los residentes de Praga también pueden encontrarse con estas tecnologías, ya que se están probando y utilizando en algunas zonas. Los operadores de servicios robóticos afirman que estas tecnologías modernas son capaces de funcionar de forma segura incluso en el tráfico urbano denso. Las máquinas están equipadas con cámaras, sensores y software avanzado que les permite reconocer obstáculos, evitar a los peatones, cruzar calles de forma segura y orientarse en entornos urbanos complejos.

Según las empresas que se dedican a la entrega autónoma, los robots pueden contribuir a reducir la congestión del tráfico y las emisiones de dióxido de carbono. Un menor número de vehículos de reparto podría ayudar a mejorar la calidad del aire en las ciudades y, al mismo tiempo, optimizar la logística de la llamada "última milla", es decir, la fase final de la entrega de paquetes a los clientes. Sin embargo, no todos comparten el mismo entusiasmo. Los críticos señalan principalmente la limitación del espacio en las aceras, especialmente para personas mayores, padres con cochecitos o personas con discapacidades. También existen preocupaciones sobre posibles colisiones, fallos técnicos o un comportamiento impredecible de los robots en situaciones de emergencia.

Algunas ciudades ya han optado por regular su funcionamiento. Por ejemplo, San Francisco ha limitado el movimiento de los robots en las zonas más concurridas. Toronto, Canadá, ha prohibido desde 2021 el uso de aceras por parte de robots de entrega autónomos. Las restricciones también se aplican en Chicago, Estados Unidos, donde los servicios de reparto robótico están prohibidos en determinados barrios. Los expertos esperan que el debate sobre el uso de robots de reparto continúe en los próximos años. Las ciudades deberán encontrar un equilibrio entre el fomento de la innovación tecnológica y el mantenimiento de un espacio público seguro y accesible para todos los ciudadanos.

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