Estos días, los Estados europeos están debatiendo abiertamente medidas que hasta hace poco parecían políticamente inviables. Según informaciones publicadas por Politico y confirmadas por diplomáticos europeos y altos funcionarios de la UE, se habla de la posibilidad de operaciones cibernéticas ofensivas conjuntas contra Rusia, así como de ejercicios militares repentinos cerca de la frontera. El tema ha surgido en el contexto de la creciente preocupación por las actividades híbridas, el sabotaje, los ciberataques y la interrupción de infraestructuras críticas, que según los funcionarios europeos proceden del lado ruso.
Los países de la UE y la OTAN se plantean ahora si cambiar su estrategia del enfoque actual, basado principalmente en la defensa y la reacción, a la disuasión activa. Politico cita a funcionarios europeos que advierten que „una respuesta pasiva ya no es suficiente“ y que Occidente debe estar preparado para demostrar no sólo la capacidad de defenderse, sino también la de responder.
Algunos ministros de Asuntos Exteriores -especialmente de los países bálticos- hablan de la necesidad de dar pasos que tengan un efecto real y visible, y no sólo el nivel simbólico de las declaraciones diplomáticas.
Según la información disponible, entre las opciones analizadas se encuentran las operaciones cibernéticas coordinadas dirigidas contra infraestructuras en Rusia, así como una identificación más rápida de los autores de los ataques híbridos con el fin de asignar pública y políticamente la responsabilidad de forma inequívoca. También se están considerando maniobras militares sorpresa en el seno de la OTAN cerca de las fronteras rusas para enviar una clara señal disuasoria. Los diplomáticos subrayan, sin embargo, que todo está aún en fase de variantes y que no se ha tomado ninguna decisión.
Al mismo tiempo, prevalece la cautela. Un diplomático europeo citado por Politico dijo que cualquier acción de represalia tendría que estar diseñada para permitir „negación plausible“, si es necesario para reducir el riesgo de escalada. La declaración sugiere que el problema estratégico no es sólo la fuerza de las represalias, sino su sutil configuración política: cómo ser decisivo pero no agresivo sin provocación.
El debate encaja en la evolución más amplia de la política europea de seguridad a partir de 2022, con la Comisión Europea, el Consejo Europeo y la OTAN advirtiendo repetidamente de un aumento de las operaciones híbridas, ciberataques más intensos y campañas más sofisticadas destinadas a debilitar la infraestructura y la cohesión europeas. Como respuesta, la UE ha reforzado en los últimos años la ciberdefensa, la interconectividad de los servicios de inteligencia y las capacidades conjuntas de toma de decisiones estratégicas. Las medidas también son complementadas por Estados individuales; por ejemplo, la República Checa está invirtiendo en reforzar la ciberdefensa militar y proteger los sistemas críticos.
Sin embargo, el giro contemplado hacia medios ofensivos sería un momento crucial. Significaría el paso de un modelo defensivo a la disuasión directa, lo que podría cambiar fundamentalmente la dinámica de las relaciones con Rusia. Los defensores de un enfoque más duro argumentan que, sin consecuencias reales, la presión híbrida continuará. Los críticos, en cambio, advierten del riesgo de escalada: el paso de la confrontación cibernética a la militar, especialmente entre potencias nucleares, es más corto de lo que parece.
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