El presidente Donald Trump ha lanzado una iniciativa para reconstruir radicalmente la Armada estadounidense, que en círculos profesionales lleva el título provisional de "Flota Dorada". Según The Wall Street Journal (WSJ), la Casa Blanca está en conversaciones con oficiales de la Marina de los Estados Unidos sobre la posible sustitución de la flota actual por una nueva generación de buques de guerra diseñados principalmente para hacer frente al creciente poder de China y a otras amenazas marítimas.
Nuevo concepto de flota
La actual flota estadounidense incluye destructores, cruceros, portaaviones, submarinos y lanchas de desembarco. El WSJ informa de que se está debatiendo la introducción de grandes buques de superficie equipados con misiles de largo alcance; incluso se habla de un buque fuertemente blindado con una capacidad de carga de entre 15.000 y 20.000 toneladas que sería capaz de transportar misiles hipersónicos. Según las fuentes, la planificación está aún en las primeras fases y Trump participa activamente en el proyecto en sí.
El tamaño objetivo de la flota podría ser de aproximadamente 280 - 300 barcos ocupados con un "gran número" de naves autónomas o no tripuladas.
Motivación estratégica
El principal motor es la preocupación por el rápido desarrollo de las capacidades marítimas de la Armada china y la necesidad de garantizar que Estados Unidos mantiene la capacidad de operar en entornos en los que los adversarios tienen un alcance o un número de buques que amenazan significativamente los modelos de flota convencionales. La visión de la Flota Dorada marca un cambio desde el papel dominante de uno o dos superbuques (por ejemplo, portaaviones) a una disposición más distribuida en la que los grandes buques sirven de columna vertebral y unidades más pequeñas (incluidas las no tripuladas) apoyan un orden de batalla disperso.
Retos técnicos e industriales
Aunque la visión parece audaz, la realidad es compleja. El desarrollo y la construcción de un buque de entre 15.000 y 20.000 toneladas con nuevos radares, sensores y sistemas de lanzamiento llevará muchos años: desde el diseño, pasando por la construcción, hasta la puesta en servicio. La capacidad de producción de la industria naval estadounidense ya está al límite, lo que plantea dudas sobre si el proyecto es una visión política más que un programa práctico.
Aun así, el coste se estima en miles de millones de dólares por unidad. Las unidades más pequeñas -corbetas o fragatas más ligeras- pueden fabricarse más rápidamente, quizá en cooperación con astilleros extranjeros, pero encajan más en una solución provisional a corto plazo que en el núcleo de la nueva flota.
Qué viene y cuándo
El proyecto de la Flota Dorada sigue siendo un concepto sobre el papel: el WSJ señala que no es un programa formalizado con un calendario o un presupuesto fijos. Así que el lanzamiento de los grandes buques podría no producirse durante el mandato de Trump. La fase clave será el próximo año, cuando la documentación oficial del Pentágono o de la Armada pueda surgir con borradores de requisitos, diseños de buques y proyecciones presupuestarias.
Mientras tanto, se vigilará qué cambios se propondrán en los programas existentes, por ejemplo, en el desarrollo de fragatas de tercera generación, en la modernización de los sistemas navales no tripulados o en las asociaciones con astilleros de la alianza.
Importancia para los lazos transatlánticos
Para los aliados, incluida Europa Central y Oriental, el proyecto también resulta relevante: un cambio en la doctrina naval estadounidense podría tener implicaciones para los despliegues en el Atlántico y el Indo-Pacífico. Por tanto, la nueva flota no sólo serviría a los intereses estadounidenses en un enfrentamiento con China, sino que también podría tener implicaciones para la defensa colectiva, la logística y el intercambio tecnológico con la OTAN.
Por ahora, pues, la Flota de Oro es una visión ambiciosa que combina branding político y modernización militar. Pero su aplicación requerirá tiempo, dinero y tecnologías de vanguardia.
gnews.cz - GH