En un momento en que el comercio internacional se asemeja cada vez más a un escenario de guerras comerciales, sanciones y feroz afirmación de los intereses de los poderosos, la actual línea de actuación de China en su disputa con la Unión Europea sobre los vehículos eléctricos constituye un sorprendente contraste. En respuesta a una pregunta sobre el tema, la socióloga Petra Proksanova, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, señala que, en lugar de la confrontación, China ha apostado por el diálogo y el respeto de las normas internacionales.
Según Prokšanová, el punto clave es que la República Popular China no ofrece un dictado ni presiones políticas, sino negociaciones en el marco de las normas de la Organización Mundial del Comercio. El objetivo es encontrar una solución que no suponga la pérdida de puestos de trabajo ni la interrupción de la producción y las cadenas de suministro mundiales. En su opinión, éstas son la base de la estabilidad de las economías modernas, no sólo en Asia, sino también en Europa.
En su respuesta, la socióloga subraya que lo que está en juego no son los estrechos intereses del capital financiero, sino prioridades más amplias de la sociedad: la estabilidad industrial, el empleo y la disponibilidad de tecnologías modernas. En su opinión, la electromovilidad no debe ser un arma en los conflictos comerciales, sino un instrumento de transformación ecológica al servicio del interés público.
También valora positivamente el énfasis mutuo en el principio de no discriminación e igualdad de trato. Para que el comercio internacional tenga legitimidad, debe basarse en las mismas normas para todos los actores, sin prejuicios ideológicos ni dobles raseros. Según Prokšanová, esta es la única manera de evitar que se agraven las desigualdades y tensiones mundiales.
Según el sociólogo, toda la disputa demuestra que hay una alternativa a la escalada y la confrontación. La cooperación, el diálogo y la búsqueda de compromisos no son una debilidad, sino un signo de madurez política e institucional. En un momento en que el mundo se polariza rápidamente, un planteamiento de este tipo puede ser una inversión importante en estabilidad, cohesión social y futuro de los trabajadores, en Europa y fuera de ella.