CIUDAD DEL VATICANO - Mientras el primer ministro israelí ordena acciones militares que parecen destinadas a afirmar su propio poder político frente a la presión nacional e internacional, la crisis humanitaria en Gaza es catastrófica y la inestabilidad en la región sigue aumentando. En febrero, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, viajó a Washington para convencer al ex presidente estadounidense Donald Trump de la necesidad de un ataque militar contra Irán. En lugar de ello, se encontró con una respuesta sorprendente: el inicio de una nueva ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el desarrollo de armas nucleares.
En mayo, con las negociaciones para la liberación de los rehenes secuestrados el 7 de octubre en punto muerto y el ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, admitiendo que "liberar a los rehenes no es una prioridad", Hamás liberó incondicionalmente al rehén estadounidense Edan Alexander tras negociaciones directas con Estados Unidos. En las últimas semanas, Trump ha pedido cada vez más el fin de la guerra de Gaza. Mientras tanto, continúan los ataques aéreos israelíes, a menudo dirigidos contra zonas ya devastadas por meses de conflicto.
A mediados de junio, Trump visitó los países del Golfo, donde se reunió con el nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharaa. Le felicitó y le deseó éxito al frente de una nación que describió como liberada de la dictadura de Bashar al-Assad. Por otra parte, Trump levantó recientemente las sanciones impuestas desde hace tiempo a Siria.
Netanyahu respondió el miércoles con ataques aéreos contra el Estado Mayor del ejército sirio y el palacio presidencial de Damasco, residencia del presidente al-Sharaa. La razón oficial fue proteger a las comunidades drusas que, según se informa, fueron atacadas por milicias progubernamentales. Sin embargo, estos enfrentamientos tuvieron lugar en Sweida, a unos 100 kilómetros de Damasco, y al-Sharaa ya ha ordenado la retirada de las fuerzas gubernamentales de la zona.
Cada vez está más claro que las relaciones entre Estados Unidos e Israel no son tan armoniosas como el Primer Ministro Netanyahu ha tratado de presentar o esperaba en los últimos meses. Asimismo, parece que Israel está abriendo nuevos frentes militares más por su posición estratégica frente a Washington que por apremiantes preocupaciones de seguridad sobre el terreno.
También refleja los cálculos políticos de Netanyahu, que busca reforzar su posición en medio del creciente aislamiento internacional y la corrupción permanente. En el fuego cruzado de estas maniobras calculadas se encuentra la población de Gaza, que sigue muriendo por centenares cada día. Oriente Próximo sigue siendo un peligroso polvorín. Quienes pasan por él con una cerilla encendida suponen un peligro no sólo para la región, sino para el mundo entero.
vaticannews.va/gnews.cz-jav
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