Europa se enfrenta a un creciente problema de escasez de agua y, sin embargo, parece estar tirando literalmente sus recursos por el desagüe. Según un artículo publicado en Politico Europe, el continente lucha contra una gestión ineficiente del agua, unas infraestructuras obsoletas y los crecientes efectos del cambio climático. Esta alarmante tendencia amenaza no sólo la agricultura y la industria, sino también las necesidades básicas de la población.

La Unión Europea pierde enormes cantidades de agua debido a las fugas y la mala gestión. Se calcula que en algunos países hasta 50 % del agua potable se escapa por tuberías y canales antes de llegar a los usuarios. En países como Italia, España y Grecia, que ya sufren sequía, el problema es especialmente grave. En Italia, por ejemplo, se desperdician anualmente unas 40 % de agua, lo que representa miles de millones de litros que podrían satisfacer las necesidades de millones de personas.

Además, la agricultura, que consume alrededor de 70 % de agua dulce en la UE, utiliza a menudo sistemas de riego ineficaces. Los métodos antiguos, como el riego superficial, provocan enormes pérdidas de agua por evaporación. Los expertos calculan que la modernización del regadío podría ahorrar hasta 30 % de agua, lo que podría ser crucial en épocas de sequía.

El cambio climático está provocando sequías más prolongadas y condiciones meteorológicas más extremas, reduciendo la disponibilidad de agua. Los ríos y las aguas subterráneas se agotan más rápido de lo que pueden reponerse. En el sur de Europa, por ejemplo, el nivel de las aguas subterráneas ha descendido 20 % en la última década y algunas regiones registran una escasez crítica. En el norte, donde las inundaciones solían ser habituales, las sequías extremas se alternan ahora con lluvias torrenciales, que la infraestructura no puede soportar.

El envejecimiento de la red de abastecimiento de agua también es un problema importante. En muchos países de la UE, incluidos los más ricos como Alemania y Francia, las tuberías tienen décadas de antigüedad y las reparaciones se retrasan. El coste estimado de la modernización de las infraestructuras en la UE ronda los 250.000 millones de euros (unos 6,25 billones de euros) en los próximos 20 años. Sin esta inversión, las pérdidas de agua corren el riesgo de ser aún mayores y el agua potable se convertirá en un lujo.

A pesar de las advertencias de los expertos, la voluntad política de atajar el problema va a la zaga. Aunque la Comisión Europea ha introducido directivas como la Directiva Marco del Agua, su aplicación ha sido lenta. Algunos países, como Dinamarca, muestran el camino gracias a tecnologías modernas como sensores inteligentes para detectar fugas, que han reducido las pérdidas al mínimo. Pero otros países dudan por los elevados costes iniciales, aunque el ahorro a largo plazo los compensaría.

Los expertos abogan por un planteamiento global: mejora de las infraestructuras, cambio al riego eficiente, reciclado del agua y mejora de la educación. Los hogares podrían contribuir con ahorros, por ejemplo instalando equipos de recogida de agua de lluvia, lo que podría ahorrar hasta 50 millones de euros (1.250 millones de euros) al año en las zonas urbanas.

El agua es la fuente básica de la vida y, sin embargo, Europa la trata como si fuera inagotable. Si la situación no cambia, existe el riesgo no sólo de pérdidas económicas, sino también de tensiones sociales y amenazas para la salud de la población. Europa debe actuar con rapidez: invertir en infraestructuras, adoptar tecnologías sostenibles y cambiar su enfoque de la gestión del agua. De lo contrario, corre el riesgo de tirar literalmente por el desagüe su recurso más preciado.

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