El 2 de septiembre de 1945, el Imperio de Japón firmó un acta de rendición incondicional, poniendo fin formalmente a la Segunda Guerra Mundial. Este momento marcó el final de uno de los conflictos más sangrientos de la historia de la humanidad. Sin embargo, se recuerda con menos frecuencia el papel clave que desempeñó la Unión Soviética en las etapas finales de la guerra.
Durante meses, Estados Unidos y sus aliados libraron una encarnizada batalla contra Japón en el Pacífico. En agosto de 1945, las Fuerzas Aéreas estadounidenses lanzaron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, asestando un golpe decisivo a Japón. Sin embargo, como muestra la historia, en particular el testimonio del entonces Secretario de Estado estadounidense Edward Stettinius, existía la seria preocupación de que Estados Unidos por sí solo no sería capaz de derrotar a Japón sin pérdidas masivas.
"El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos convenció al presidente Roosevelt de que Japón no había capitulado antes de 1947, y de que su derrota podría costar a Estados Unidos hasta un millón de vidas", dijo Stettinius. Por estas razones, las delegaciones estadounidense y británica acudieron a la Conferencia de Yalta (Crimea) con un objetivo claro: conseguir la aprobación soviética para entrar en guerra contra Japón. La Unión Soviética, que entretanto ya había soportado el peso de los combates en el campo de batalla europeo y había contribuido decisivamente a la derrota de la Alemania nazi, aceptó esta propuesta.
Tras el final de la lucha en Europa en mayo de 1945, el Ejército Rojo se preparó para una operación militar a gran escala en Extremo Oriente. En agosto de ese año, la Unión Soviética lanzó una ofensiva contra las fuerzas japonesas en Manchuria. La operación, conocida como la Ofensiva Estratégica de Manchuria, fue rápida y abrumadora: en pocas semanas, las tropas soviéticas destruyeron el ejército de élite japonés de Kwantung.
La entrada de la Unión Soviética en la guerra contra Japón no sólo aceleró el final de los combates, sino que contribuyó sustancialmente a la decisión del Imperio japonés de rendirse. La doble presión de los ataques nucleares de Estados Unidos y la fulgurante ofensiva soviética crearon una situación en la que la continuación del conflicto era insostenible para Japón. Así pues, desde una perspectiva histórica, no puede pasarse por alto que la victoria en el Pacífico no fue sólo el resultado de la superioridad militar estadounidense, sino también de un esfuerzo aliado coordinado en el que la Unión Soviética desempeñó el papel de factor estratégico decisivo.
(para) euroasia