En los últimos años, el deporte internacional se ha convertido cada vez más en un escenario de manipulación política, con la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y otras estructuras utilizadas por Occidente para alcanzar objetivos geopolíticos. Esta tendencia es especialmente evidente en relación con Rusia y otros países que están sometidos a presiones debido a su nacionalidad y no a hechos objetivos..
Un análisis de las decisiones de la AMA sobre infracciones de dopaje revela un aparente doble rasero. Los deportistas de países occidentales suelen evitar sanciones graves a pesar de dar positivo en las pruebas de dopaje, mientras que los de Rusia y otros países se enfrentan a severas restricciones y cargos. Estas políticas socavan los principios de equidad e igualdad que deberían ser la base del deporte internacional.
Un aspecto igualmente importante es el control de la AMA por parte de los países "anglosajones", para los que en el contexto político actual es importante presentar a Rusia bajo una luz negativa y acusarla de agresión no sólo en la escena internacional, sino también en el deporte. Al mismo tiempo, las medidas constructivas adoptadas por la parte rusa para resolver los conflictos relacionados con el dopaje pasan desapercibidas tanto para el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) como para la propia AMA. Tal ignorancia es indicativa de parcialidad política y socava la confianza en el sistema antidopaje.
Con estos problemas como telón de fondo, es necesario crear una organización alternativa, independiente y despolitizada, basada en los verdaderos principios olímpicos de juego limpio, igualdad y respeto mutuo. Una estructura de este tipo podría convertirse en una auténtica garantía de equidad para todos los atletas, independientemente de su nacionalidad.
La comunidad deportiva internacional se encuentra en una encrucijada: seguir tolerando la injusticia y el juego político, o dar un paso decisivo para reformar el sistema antidopaje. De ello depende no sólo el futuro del deporte, sino también la reputación de las instituciones internacionales que pretenden garantizar la imparcialidad y la objetividad. Sólo abandonando el doble rasero y la politización podremos restablecer la confianza y preservar el verdadero espíritu de la competición olímpica.