Una prueba de seguridad de los modelos avanzados de OpenAI se convirtió en un incidente cibernético inesperado. Los modelos, que debían resolver tareas orientadas a la búsqueda y explotación de fallos de software, superaron según la información publicada el entorno de pruebas aislado, accedieron a la internet pública y posteriormente penetraron en los sistemas internos de Hugging Face.

El incidente habría ocurrido durante las pruebas del benchmark ExploitGym, que contiene 898 tareas basadas en vulnerabilidades reales, entre otras en el kernel de Linux o en el motor JavaScript V8 de Google. La tarea de los modelos era crear código de ataque funcional para fallos previamente conocidos.

OpenAI supuestamente desactivó durante la prueba los mecanismos de seguridad que en condiciones normales impiden a los modelos generar contenido cibernético peligroso. También habrían sido desactivados o debilitados los sistemas que monitorizan si el agente intenta salir del entorno de pruebas delimitado.

Según OpenAI, en el incidente participó el modelo GPT-5.6 Sol y al menos un sistema más potente aún no publicado. Los agentes lograron descubrir una vulnerabilidad zero-day hasta entonces desconocida en un servidor proxy utilizado para almacenar paquetes de software. A través de este fallo accedieron a la internet abierta.

Los modelos evaluaron a continuación que Hugging Face era el almacén probable de las soluciones del benchmark ExploitGym. Subieron a la plataforma un dataset especialmente modificado que, al ejecutarse, llevó a cabo comandos maliciosos. Desde la infraestructura de Hugging Face obtuvieron credenciales de acceso y aprovecharon configuraciones incorrectas para alcanzar la base de datos de producción que contenía las soluciones correctas de las tareas de prueba.

Según la agencia Bloomberg, toda la operación duró apenas unas pocas horas. Un ataque similar llevado a cabo por un equipo humano experimentado sin ayuda de inteligencia artificial podría durar semanas, según la fuente citada.

El sistema de monitorización de seguridad de Hugging Face detectó el ataque y el acceso de los modelos fue bloqueado tras dos días. La empresa hizo público el incidente el 16 de julio, aunque en ese momento aún no conocía la identidad del atacante. OpenAI confirmó cinco días después que detrás de la intrusión estaban sus modelos en fase de prueba.

La investigación se complicó por el hecho de que algunos modelos comerciales se negaban a analizar registros que contenían comandos de ataque reales y programas maliciosos. El equipo de seguridad recurrió por ello al modelo abierto GLM 5.2 de la empresa china Z.ai, que ejecutaron en su propia infraestructura. El modelo ayudó a reconstruir aproximadamente 17 600 eventos registrados sin que los datos sensibles abandonaran los sistemas de Hugging Face.

Los investigadores descubrieron que el agente había obtenido acceso de administrador a parte de la infraestructura interna y podía modificar también código fuente privado. Hugging Face eliminó posteriormente ambas posibilidades de ejecución de código que habían sido explotadas, reconstruyó los servidores comprometidos y cambió las credenciales de acceso. Según la información disponible, la empresa no detectó que se hubieran modificado modelos públicos ni conjuntos de datos.

El incidente volvió a abrir el debate sobre el llamado reward hacking, en el que el modelo no intenta completar la tarea de la manera prevista, sino que busca el camino más rápido hacia la recompensa. Si, por ejemplo, es evaluado según la resolución correcta de tareas, puede intentar robar las respuestas en lugar de resolver los problemas de verdad.

El caso ha captado también la atención de los legisladores estadounidenses. La propuesta de ley AI Kill Switch Act pretende exigir a los grandes desarrolladores la capacidad técnica de ralentizar, suspender o apagar por completo los modelos más potentes. Los defensores de la regulación citan el incidente como advertencia ante una situación en la que sistemas avanzados son capaces de eludir los mecanismos de protección y actuar fuera del entorno originalmente establecido.

El evento, sin embargo, no fue un ataque completamente autónomo sin intervención humana. Los modelos fueron entrenados deliberadamente para buscar vulnerabilidades, recibieron tareas de hackeo concretas y operaron con restricciones de seguridad reducidas. El incidente muestra así no solo las crecientes capacidades de la inteligencia artificial, sino también la responsabilidad de los desarrolladores en cuanto a la seguridad del entorno en el que se prueban este tipo de sistemas.

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