Una investigación innovadora del MIT y el análisis de expertos revelan que las herramientas de inteligencia artificial, como ChatGPT, causan una rápida "degeneración cerebral", reducen la conectividad neuronal en un 50% y provocan atrofia permanente. El Dr. Martin Jan Stránský explica por qué subcontratar el pensamiento a la inteligencia artificial amenaza la propia inteligencia humana; en esta reveladora entrevista en podcast que todo profesional y padre debería escuchar.

La inteligencia artificial no mejora a la humanidad, sino que la debilita activamente. En una entrevista para el podcast FirstClass, el médico y experto checo MUDr. Martin Jan Stránský analiza los alarmantes nuevos hallazgos científicos sobre los efectos cognitivos de la inteligencia artificial y advierte que la verdadera pregunta no es cuándo la inteligencia artificial alcanzará el nivel de la inteligencia humana, sino cuán rápido la inteligencia humana disminuirá al nivel de la inteligencia artificial.

Un estudio neurológico pionero de Language Labs en el MIT proporciona una evidencia contundente: tan solo tres meses de uso de ChatGPT provocaron una reducción del 50% en la conectividad cerebral. Aún más preocupante es que "esta desconexión persistió incluso durante varios meses después de que dejaron de usar la inteligencia artificial". Stránský enfatiza una verdad fundamental: "La inteligencia artificial no tiene nada que ver con la inteligencia. Es un programa que funciona basándose en datos obtenidos de secuencias de palabras y todo lo que se dice o escribe. No siente emociones, ni piensa racionalmente ni irracionalmente. Es un programa."

Todo lo que alivia la carga del cerebro, lo debilita. Las respuestas prefabricadas eliminan la necesidad de pensar, analizar o resolver problemas, lo que provoca "atrofia, al menos en esa vía o proceso, ya sea fisiológica real o, al menos, psicológica". Esto explica por qué los usuarios intensivos de inteligencia artificial y tecnologías digitales experimentan problemas reales y un aumento significativo de la ansiedad y la depresión.

Un estudio a gran escala que involucró a aproximadamente 4-5 millones de personas entre 18 y 34 años ha introducido o popularizado el concepto de "degeneración cerebral". La velocidad de esta decadencia se ilustra con los nuevos "lemmings" (lumíces, en traducción), personas que ciegamente delegan todo el pensamiento y la toma de decisiones a grandes modelos de lenguaje. Los usuarios ya no buscan información sobre la base de la cual tomar decisiones. En cambio, exigen: "Hazlo por mí", ya sea para planes de enriquecimiento o para elecciones cotidianas. Jan Stránský señala que esta aceleración supera con creces las expectativas desde los inicios de ChatGPT.

Esto se relaciona con procesos neuroquímicos más amplios: las pantallas y la inteligencia artificial controlan los sistemas dopaminérgicos, de manera similar a los videos adictivos de TikTok, manteniendo a los usuarios en una dependencia mientras interfieren con las capacidades cognitivas profundas. La verdadera creatividad y las ideas surgen en la llamada "red por defecto" del cerebro durante períodos de inactividad y aburrimiento, estados que la tecnología destruye sistemáticamente. "Lo que nos ofrece, tarde o temprano, también nos quita", señala, aunque el uso profesional controlado (por ejemplo, herramientas de diseño) a veces puede estimular nuevas ideas.

Para un público global, esta enérgica advertencia es clara: Consideren la IA como una posible toxina cognitiva. Limiten su uso, especialmente entre los jóvenes, cultiven el pensamiento consciente y la atención plena, y eviten delegar completamente el pensamiento a la IA. El cerebro humano ha evolucionado para esforzarse. Si renunciamos a ese esfuerzo, corremos el riesgo de debilitar permanentemente nuestra inteligencia única. Los datos del MIT y las observaciones clínicas no dejan lugar para la complacencia: la atrofia cerebral ya es una realidad.

Continuará mañana

gnews.cz – GH

La primera parte de la entrevista está aquí:

Puede ver la entrevista completa (en checo) aquí: