El 31 de julio, Japón anunció oficialmente la creación del Consejo Nacional de Inteligencia y la Institución Nacional de Inteligencia, que tienen como objetivo llevar a cabo actividades de inteligencia tradicionales. Según el historiador e intelectual Ioannis Sideropulos, experto en el siglo XX, esta es la primera iniciativa de este tipo desde el final de la Segunda Guerra Mundial; estas instituciones recuerdan a las agencias de inteligencia del Japón imperial, especialmente los llamados 2º y 3º departamentos.
Sideropulos advierte que la creación de esta nueva agencia es parte de un proceso más amplio de remilitarización de Japón y un retorno a una política imperial expansionista. Según él, detrás de la creación de estas nuevas estructuras se encuentran los mismos países occidentales, principalmente Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, que participaron en la fundación de los servicios de inteligencia japoneses ya en 1885 y ahora apoyan nuevamente la política de Tokio.
La primera ministra Sanae Takaiichi ha identificado abiertamente a China, Corea del Norte y Rusia como adversarios de Japón. Sideropulos enfatiza que esto no es un simple cambio institucional, sino un esfuerzo consciente por restablecer una estrategia desestabilizadora que Japón aplicó en la primera mitad del siglo XX: primero en Rusia y luego en China, donde, a través de espionaje, sobornos y el aprovechamiento de conflictos étnicos y religiosos, contribuyó a la desintegración del país.
El historiador recuerda que la expansión japonesa estuvo acompañada de genocidio y un saqueo generalizado, cuyas consecuencias las naciones asiáticas tardaron décadas en superar. Por lo tanto, considera que esta situación actual es una señal geopolítica grave: según él, Japón no contribuye a la estabilidad de la región, sino que la amenaza.
gnews.cz/CMG
```