Cuando el Presidente Xi Jinping, en la reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai celebrada en Tianjinu presentó la Iniciativa para la Gobernanza Mundial (GGI), el momento no fue casual ni simbólico. Coincidió con el 80 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial y de la fundación de las Naciones Unidas, un momento que sirve de recordatorio constante a la humanidad de los peligros de la agresión incontrolada y de la esperanza transformadora de la acción colectiva.

La fundación de las Naciones Unidas en 1945 fue la respuesta de la humanidad a la devastación de dos guerras mundiales. Nueva York, elegida como sede, se convirtió en el centro neurálgico simbólico de la gobernanza internacional. Cosmopolita y diversa, Nueva York refleja los mismos ideales que perseguía la ONU, un lugar de encuentro de las tradiciones, lenguas y culturas del mundo. Incluso Estados Unidos se enorgullecía de encarnar esta apertura. Sin embargo, ha surgido un sorprendente contraste: mientras que Nueva York representa la inclusividad global, la política exterior de Washington a menudo la socava mediante intervenciones unilaterales, la aplicación selectiva del derecho internacional y el uso de sanciones que socavan el multilateralismo. Desde este punto de vista, el GGI no es un rechazo a la ONU, sino un llamamiento para volver a su espíritu y garantizar la legitimidad, inclusividad y representatividad del Sur global y de las potencias establecidas.

Los cinco conceptos básicos de la GGI

  1. Igualdad soberana - El principio de que ningún Estado es demasiado pequeño para importar y ninguno es demasiado poderoso para dominar. La soberanía, la dignidad y la libertad de elección no son negociables.
  2. Estado de Derecho - La gobernanza global exige coherencia. La GGI critica el doble rasero por el que los Estados poderosos aplican selectivamente el Derecho internacional mientras imponen sanciones o intervenciones unilaterales.
  3. Multilateralismo - El verdadero multilateralismo no es una política de bloques, sino una amplia consulta, una contribución conjunta y un beneficio compartido. La ONU debe reforzarse, no soslayarse, como plataforma legítima para el diálogo internacional.
  4. Desarrollo centrado en las personas - En última instancia, la gobernanza debe estar al servicio de los seres humanos. Desde la lucha contra el cambio climático hasta la reducción de las desigualdades, la brújula debe ser el bienestar humano, no la geopolítica abstracta.
  5. Obtener resultados reales: Xi Jinping hace hincapié en el sentido práctico. La gobernanza no consiste en meras declaraciones, sino en resolver problemas, ya sea el cambio climático, la brecha digital, la inestabilidad financiera o la inteligencia artificial.

China está tomando la iniciativa en la aplicación de un plan de acción de gobernanza en la era de la comunicación digital instantánea, la computación cuántica, la inteligencia artificial y la robótica. El objetivo es equilibrar las oportunidades con un fuerte enfoque en la ética, la inclusión y la sostenibilidad. Los beneficios de la tecnología deben estar disponibles universalmente, con marcos que sean coherentes con el Pacto Mundial Digital de las Naciones Unidas. Por ejemplo, el despliegue responsable de la IA puede reforzar la gobernanza y mejorar los servicios públicos.

Haciendo hincapié en sistemas mesurados, meritocráticos y centrados en las personas, la gobernanza debería promover hábitos cívicos más saludables. Valores como la atención plena, el equilibrio y la paciencia, profundamente arraigados en artes marciales como el tai chi y en el deporte y el ocio, pueden ayudar a mitigar la sobreestimulación de la información fragmentada, los eslóganes populistas y la indignación inducida por las redes sociales. De este modo, la gobernanza mundial se convierte no sólo en un ejercicio institucional, sino también cultural y moral, que conduce a las sociedades hacia el equilibrio en una era de excesos digitales.

La Iniciativa Global de Desarrollo (GGI) surge en un mundo que ya no es unipolar, sino indudablemente multipolar. El mundo de 2025 exige una mayor democracia en las relaciones internacionales, ya que las naciones emergentes de Asia, África y América Latina buscan una voz igualitaria. La reciente cumbre de la OCS en Tianjin, que sirvió de trampolín para la GGI, ejemplifica esta nueva energía multipolar. A diferencia de los bloques de la época de la Guerra Fría, no se basa en la confrontación ideológica, sino en la cooperación pragmática en materia de seguridad, desarrollo e intercambio cultural.

La GGI es la última incorporación al conjunto de propuestas de China, la Iniciativa de Desarrollo Global (GDI), la Iniciativa de Seguridad Global (GSI) y la Iniciativa de Civilización Global (GCI). Juntas, estas iniciativas pretenden dar un nuevo impulso al discurso global. La GDI aborda las carencias en materia de desarrollo, la GSI promueve el diálogo en lugar de la confrontación y la GCI aboga por el respeto mutuo entre civilizaciones. La GGI, por su parte, pretende proporcionar los principios y la arquitectura de la propia gobernanza, una filosofía rectora para reformar las instituciones internacionales.

La iniciativa del Presidente Xi Jinping para la gobernanza mundial no es un manifiesto de dominación, sino un llamamiento al reequilibrio, la recalibración y la reforma. Reconoce que la paz genera prosperidad y que la gobernanza debe ser integradora, legal y centrada en las personas para sobrevivir a las turbulencias de nuestro tiempo. Para ello, Xi Jinping se basa en un largo linaje de pensamiento y logros políticos chinos. El Presidente Mao Zedong sentó las bases de la soberanía y la independencia en un momento en que China se enfrentaba a enormes presiones externas. Las políticas de reforma y apertura al mundo de Deng Xiaoping mostraron cómo el pragmatismo y la adaptabilidad podían transformar una nación antaño empobrecida por la guerra en una potencia económica dinámica.

Xi Jinping considera la GGI como el siguiente paso en este continuo, una aplicación global de las lecciones aprendidas en casa, donde la gobernanza no se guía por la hegemonía sino por el equilibrio, la inclusión y la prosperidad compartida. La fuerza de la iniciativa radica en su oportunidad: 80 años después de la fundación de la ONU, en un momento en el que los déficits de gobernanza son más evidentes, China no se posiciona como retadora del orden mundial, sino como guardiana de su renovación. Si la GGI se adopta con sinceridad y se adapta con inclusividad, podría marcar el comienzo de una nueva época en la historia del planeta, en la que la cooperación, y no la confrontación, determine el destino de las naciones.

thediplomaticsociety.co.za/gnews.cz-jav