A medida que se calma el revuelo tras la cumbre del G20 en Johannesburgo, una reunión que puso de manifiesto las contradicciones de un mundo en transformación, Sudáfrica se enfrenta a otro ajuste de cuentas, uno que no tiene que ver con la geopolítica, sino con la propia roca sobre la que se construyó la ciudad. Johannesburgo, la ciudad del oro, debe su origen a las minas. Sin embargo, la minería también representa la herida más duradera de Sudáfrica. Y en el centro de esta paradoja se encuentra una empresa: Anglo American..
Durante más de un siglo, el nombre Anglo fue sinónimo de Sudáfrica. Creó puestos de trabajo, construyó infraestructuras y fue un pilar fundamental de la Bolsa de Johannesburgo. Ayudó a industrializar el país, pero al mismo tiempo provocó expropiaciones, explotación laboral segregada por razas, destrucción del medio ambiente y traumas generacionales.
Anglo American no es solo una empresa en la historia de Sudáfrica, es el pecado original de la economía extractiva de Sudáfrica.
Hoy, cuando Anglo está reestructurando su presencia global y enviando señales que muchos interpretan como una lenta retirada de Sudáfrica, el país se enfrenta a una dolorosa pregunta:
¿Se le permitirá a Anglo American irse sin responder por la devastación social, económica y ecológica que ha dejado tras de sí?
Un siglo de prosperidad y dolor
En su apogeo, Anglo American poseía casi el 60 % de la Bolsa de Johannesburgo, un símbolo impresionante de su dominio. La empresa introdujo técnicas mineras modernas, construyó hospitales y viviendas en algunas zonas y contribuyó al crecimiento económico inicial de Sudáfrica.
Sin embargo, su legado es inseparable de:
• Desalojos forzados y desplazamientos
• campos de trabajo peligrosos y segregados por razas
• silicosis, tuberculosis y enfermedades profesionales, que siguen afectando a las familias hasta hoy en día.
• paisajes tóxicos, hundimientos y aguas mineras ácidas
• comunidades intoxicadas por el polvo, ríos contaminados y pozos abandonados
Para muchos sudafricanos negros, Anglo American no es solo un gigante minero, sino también el artífice de la humillación, la indignidad y la violencia estructural.
BEE: exención parcial, cómoda absolución
Cuando el Estado democrático introdujo el programa Black Economic Empowerment (BEE), Anglo American pareció aceptar la política: distribuyó propiedades y apoyó a nuevas empresas dirigidas por empresarios negros. A primera vista, parecía un avance.
Sin embargo, los críticos afirman que el BEE tenía varias aristas:
- creó una pequeña élite de beneficiarios, lo que dio la impresión de una transformación
- liberó a los gigantes mineros de sus obligaciones históricas mediante la transferencia de activos antiguos y de riesgo a nuevas entidades o dejándolos subcapitalizados
- no desmanteló las estructuras explotadoras ni garantizó los medios suficientes para la recuperación de las minas abandonadas.
De hecho, BEE suavizó la imagen pública de Anglo, al tiempo que permitió al conglomerado externalizar gradualmente sus costes sociales, medioambientales y éticos.
Cómplices y responsabilidad PIC
En el centro del debate actual se encuentra Public Investment Corporation (PIC), administrador de las pensiones de los empleados públicos y uno de los mayores accionistas de Anglo American.
El PIC tiene la obligación de:
• Proteger los ahorros de millones de sudafricanos.
• Fomentar el comportamiento responsable de las empresas.
• garantizar que la reestructuración de Angla o su posible salida no dejen al país con compromisos medioambientales incumplidos y comunidades abandonadas.
Sin embargo, muchos afirman que el PIC era demasiado pasivo, demasiado silencioso, demasiado interconectado. Ahora que Anglo se prepara para la reestructuración y la adquisición prevista de Teck Resources, se solicita la intervención del Parlamento.
Campaña de la deuda centenaria: las comunidades contraatacan

El 26 de noviembre de 2025, en el antiguo edificio de la Bolsa de Johannesburgo, en Diagonal Street, símbolo del punto cero de la injusticia minera sudafricana, las comunidades afectadas pusieron en marcha Campaña de la deuda centenaria, en la que entregaron una petición formal al Parlamento. El debate fue moderado por Christopher Rutledge, director ejecutivo de Mining Affected Communities United in Action (MACUA).
Mametlwe Sebei, presidente del Sindicato General de Trabajadores de la Industria de Sudáfrica y miembro del comité ejecutivo nacional de la Federación Sudafricana de Sindicatos, y Reginald Letsholo, cofundador de la Fundación Tlou Mogale, también aportaron sus puntos de vista.
Los representantes de las comunidades compartieron sus testimonios:
• familias desarraigadas por el desalojo forzoso
• Efectos sobre la salud del amianto, el polvo de sílice y los residuos tóxicos.
• casas agrietadas por las explosiones
• ríos y suelos contaminados, ganado muerto
• Generación de exclusión económica, a pesar de que la extracción se llevaba a cabo „detrás de su casa“.“
La petición exige:
• Supervisión parlamentaria del PIC
• Verificación de la gestión de la reestructuración de Angla.
• protección de los derechos de las comunidades
• Cumplimiento de compromisos ecológicos históricos.
La campaña ya ha recibido el apoyo de organizaciones internacionales, desde MiningWatch Canada y London Mining Network hasta ACTSA, lo que demuestra la demanda global de responsabilidad.
¿Por qué callan los medios? Recordatorio de la influencia de las corporaciones
A pesar de la importancia histórica del evento, varios medios de comunicación sudafricanos decidieron no informar sobre él, un silencio que pone de manifiesto la influencia persistente de los conglomerados mineros.
Sin embargo, no se logró suprimir el informe.
Más de 10 000 personas vieron la retransmisión en directo, difundida por plataformas independientes y comunitarias. Los sudafricanos están atentos y empiezan a hablar.
La minería en la psique sudafricana: una historia contada en telenovelas
La minería ocupa un lugar muy importante en la conciencia sudafricana. Cuando llegó la televisión al país, una de las primeras series fue „The Villagers“, ambientada en el mundo de las minas.
Después de 1994, la icónica telenovela „Isidingo“ siguió construyendo el mito: mostraba la riqueza de Johannesburgo como un espejismo que ocultaba a las víctimas que habían caído por ese oro.
La cultura reflejaba la realidad: los gigantes mineros cambian y se adaptan, pero su sombra sigue siendo larga y, a menudo, incuestionable.
¿Crisis o oportunidad? El momento de la verdad
Sudáfrica se encuentra ahora en una encrucijada.
Si Anglo American se marcha, podría suponer el corte definitivo del cordón umbilical colonial. Doloroso, sí, pero potencialmente liberador.
Si se aborda con claridad y valentía, la crisis puede convertirse en una oportunidad:
• Crear un nuevo modelo de extracción: limpio, gestionado por la comunidad y renovable.
• reforzar la supervisión pública de los fondos destinados a la recuperación de terrenos
• garantizar que las futuras licencias exijan una evaluación local, no solo la extracción
• Establecer un régimen transparente y responsable de gestión de las materias primas.
• Atraer a inversores que comprendan que Sudáfrica ya no tolerará la explotación disfrazada de asociación.
Los sudafricanos deben decidir si vale la pena conservar el legado inglés —tanto lo bueno como lo malo— a costa de una carga adicional.
O si precisamente dejar atrás el pasado permitirá al país escribir un nuevo capítulo, basado en la dignidad, la justicia y el crecimiento sostenible.
Conclusión: aprender la lección, no volver a sufrir.
Es muy difícil hacer rendir cuentas a corporaciones del tamaño de Angla. La historia demuestra que, incluso con sentencias judiciales, a menudo sobreviven a las instituciones, los gobiernos y la presión pública.
Entonces, ¿cómo logrará Sudáfrica cerrar el acuerdo?
Buscando la responsabilidad, sin dejarse paralizar por ella.
Aprovechando todas las lecciones aprendidas, aunque la indemnización sea solo parcial.
Al construir nuevas inversiones en minería basadas en principios que Anglo nunca aceptó plenamente:
• justicia medioambiental
• propiedad comunitaria
• Creación de valor local
• transparencia
• equidad intergeneracional
Concluir aquí significa tomar el control de la historia, sin esperar a que Anglo la confirme.
El pecado original puede convertirse en sabiduría original.
Johannesburgo se construyó sobre el oro; ahora puede reconstruirse sobre la verdad.
A medida que las comunidades, el Parlamento, el PIC y los socios internacionales se unen en la Campaña de la Deuda Centenaria, Sudáfrica tiene la oportunidad de convertir el trauma en política, la negligencia en reforma y la explotación en empoderamiento.
La historia del inglés en Sudáfrica llega a su fin.
Pero el futuro de la minería sudafricana —ecológico, económico y moral— puede empezar de nuevo.
Y esta vez deben escribirla los sudafricanos, para los sudafricanos, con una dignidad renovada y una justicia finalmente alcanzable.
Kirtan BhanaTDS
Thediplomaticsociety/gnews.cz - GH