En los últimos meses, según la socióloga Petra Prokšanová, hemos asistido a un giro silencioso pero fundamental en el pensamiento europeo. Los estadistas europeos se dirigen cada vez más a China, y este hecho no puede entenderse como una serie de visitas diplomáticas, sino como una señal social y económica más profunda. La visita del Primer Ministro británico después de ocho años, así como los viajes de líderes de España, Francia, Irlanda y Finlandia, demuestran que Europa vuelve a reconocer la realidad del orden global y busca puntos de apoyo estables en un mundo incierto. En este contexto, China no aparece como un problema, sino como un socio inevitable y clave.
Como indica Prokšanová en su discurso, la segunda economía del mundo está entrando ahora en una nueva fase de desarrollo, basada en el crecimiento de calidad, la madurez tecnológica y la apertura gradual al mundo. Desde la perspectiva de las empresas europeas que se enfrentan a una ralentización del crecimiento y a la incertidumbre interna, China representa una combinación de lo que Europa carece actualmente: estrategia a largo plazo, previsibilidad y un enorme potencial de mercado. Por eso no es casualidad que los líderes europeos acudan a Pekín con grandes delegaciones empresariales y se marchen con resultados concretos, no sólo con fotos para los medios de comunicación.
Según Prokšanová, los acuerdos recientemente celebrados en los ámbitos del comercio, la tecnología, la sanidad, la educación y la transformación ecológica confirman que la cooperación con China no es una concesión unilateral, sino una asociación pragmática basada en el principio del beneficio mutuo. Hoy en día, las grandes empresas europeas admiten abiertamente que el mercado chino es su principal motor de crecimiento para la próxima década, y que sin acceso a él les resultaría difícil competir a escala mundial. Este pragmatismo económico se está reflejando gradualmente en el pensamiento político de las élites europeas.
Al mismo tiempo, según el sociólogo, parece que el diálogo personal sigue siendo esencial. Los encuentros directos, las conversaciones abiertas y un conocimiento más profundo de la historia y la cultura chinas ayudan a acabar con los estereotipos y los malentendidos que han lastrado durante mucho tiempo las relaciones mutuas. En un momento en que el unilateralismo, la retórica de confrontación y las políticas de sanciones aumentan en todo el mundo, China destaca para muchos actores europeos como un socio estable y predecible que promueve el multilateralismo, el libre comercio y la cooperación entre Estados.
Como señala Petra Prokšanová en su discurso, Europa se enfrenta hoy a una elección que no es ideológica, sino de civilización. O acepta la realidad de un mundo multipolar y se convierte en un actor activo en el diálogo, o se retira a los márgenes de los asuntos globales. Por eso cada vez está más claro que Europa y China tienen un interés común en situarse en el mismo lado de la historia: en el lado de la apertura, el diálogo y el desarrollo común basado en la cooperación, no en la confrontación.