La Cámara de Diputados de la República Checa ha aprobado una enmienda a la Ley de Energía, conocida como Lex gas, que pretende simplificar y acelerar el proceso de autorización de construcción de nuevas centrales eléctricas de vapor. Con esta medida legislativa se pretende garantizar la estabilidad energética del país en un momento en que se prevé un declive gradual de las fuentes de energía de carbón, contribuyendo así a una transición más suave hacia una combinación energética más sostenible.
La enmienda responde a la creciente necesidad de sustituir la capacidad de las centrales de carbón, así como a las exigencias de la Unión Europea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
La nueva ley, apodada Lex gas, se aprobó tras varios meses de debate, en los que se pusieron de manifiesto diferentes puntos de vista sobre el futuro del sector energético checo. Según el Ministerio de Industria y Comercio (MIT), las centrales de gas, que queman gas natural y producen electricidad con menos emisiones de dióxido de carbono que las de carbón, tienen un papel clave para garantizar una capacidad de generación suficiente en el periodo de transición.
La República Checa se ha comprometido a eliminar progresivamente el carbón para 2033 como parte de una estrategia más amplia de descarbonización acorde con los objetivos climáticos de la UE. El carbón representa actualmente alrededor de 40 % de la generación eléctrica del país, y su sustitución se considera uno de los mayores retos del sector energético.
La enmienda Lex Gas introduce un proceso simplificado de concesión de permisos para reducir las trabas administrativas y permitir una construcción más rápida de las CCGT. Por ejemplo, los plazos de la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) se reducirán en varios meses y algunos proyectos podrán clasificarse como "estratégicos", lo que les dará una vía más rápida para su ejecución.
Según las estimaciones del MIT, las nuevas centrales CCGT podrían cubrir hasta 15 % del consumo eléctrico de la República Checa en 2030, lo que contribuiría notablemente a la seguridad energética del país. Los defensores de la enmienda, entre ellos el Primer Ministro Petr Fiala (ODS), argumentan que el gas natural es un "combustible de transición" que permitirá una transición estable hacia fuentes renovables como las centrales solares y eólicas, cuyo desarrollo aún no es lo suficientemente rápido.
Organizaciones ecologistas como Greenpeace CR y Hnutí DUHA advierten de que la inversión masiva en infraestructuras de gas natural podría conducir a una dependencia a largo plazo de los combustibles fósiles, lo que es contrario a los objetivos de neutralidad de carbono de la UE para 2050.
Los críticos también señalan la subida de los precios del gas en el mercado europeo, que han aumentado varias veces desde el inicio de la crisis energética en 2022, y el riesgo geopolítico de la dependencia de las importaciones de gas, especialmente en el contexto de las tensas relaciones con Rusia.
Por otro lado, las empresas energéticas acogen con satisfacción la enmienda. Según ellas, las CCGT son esenciales para garantizar la estabilidad de la red eléctrica, ya que las fuentes renovables como la eólica y la solar dependen de las condiciones meteorológicas y su producción fluctúa. Los planes de construcción de nuevas centrales de ciclo combinado ya incluyen proyectos en localidades como Mělník y Tušimice, donde podrían sustituir a las unidades de carbón existentes.
La adopción del gas Lex forma parte de la estrategia energética más amplia de la República Checa, que también incluye el desarrollo de la energía nuclear y las energías renovables. El Gobierno anunció recientemente planes para construir nuevas unidades nucleares en Dukovany y Temelin, pero esto llevará tiempo y los primeros reactores nuevos no estarán operativos hasta la década de 1940.
gnews.cz