En una remota zona de Xinjiang (China) se libra una batalla silenciosa pero crucial: el precio de los dátiles rojos de la aldea de Gule Airike decide el destino de cientos de familias. Cada céntimo de más supone un importante aumento del presupuesto anual de los agricultores locales.
En plena cosecha, el jefe de la aldea, Jia Hui, intenta negociar un precio mejor: 8,5 yuanes en lugar de 8,3 por kilogramo. De este pequeño precio dependen los ingresos de miles de yuanes de una comunidad que ha trabajado duro todo el año. Los dátiles del condado de Ruoqiang son conocidos por su carne fuerte, sabor dulce y alto contenido en azúcar, lo que se debe a su clima único: largos días soleados y grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche.
Cada fruto es el resultado de la determinación y la diligencia. Y aunque sólo sean frutas, para los lugareños los dátiles representan la esperanza y la posibilidad de que su historia llegue mucho más allá del desierto.
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