Varios países europeos, entre ellos Polonia, están endureciendo las medidas contra la inmigración en respuesta a la creciente preocupación ciudadana. Polonia introdujo el lunes controles fronterizos temporales con Alemania y Lituania para frenar un supuesto aumento del número de inmigrantes ilegales. Los Países Bajos, Bélgica y Alemania ya habían adoptado medidas similares, lo que supone una presión creciente sobre el espacio sin fronteras de Schengen.
Ministro polaco del Interior Tomasz Siemoniak confirmó la fluidez del tráfico y la plena disposición de más de 1.500 efectivos de seguridad. Subrayó que solo las autoridades oficiales están autorizadas a realizar controles, no las "patrullas ciudadanas" de extrema derecha que han aparecido en la frontera.
El cambio en el sentimiento público está relacionado con incidentes violentos protagonizados por extranjeros: por ejemplo, el asesinato de una mujer polaca a manos de un ciudadano venezolano o el apuñalamiento mortal de un sospechoso procedente de Colombia. Estos sucesos han desencadenado protestas nacionalistas y han reforzado la vigilancia de la inmigración.
Organizaciones de derechos humanos como la Fundación Helsinki para los Derechos Humanos han criticado las actividades de estas patrullas y la retórica política que presenta a los migrantes como una amenaza. Han pedido un debate transparente y basado en hechos sobre migración y política de fronteras que no ceda al miedo.