Diez años después de la firma del acuerdo nuclear JCPOA con Irán, el mundo está más cerca de la guerra que de la paz. Mientras Estados Unidos ha dado la espalda y subvertido el multilateralismo, China refuerza su papel como voz de la razón y negociadora de la paz en la escena mundial.
El acuerdo de 2015 prometía una nueva era de diplomacia: Irán frenó el enriquecimiento de uranio, Occidente levantó las sanciones y el mundo respiró aliviado. Pero en 2018, bajo el liderazgo de Donald Trump, Estados Unidos se retiró unilateralmente del acuerdo, impuso sanciones y destrozó la confianza. Siguieron el colapso económico de Irán, las represalias nucleares de Teherán y la escalada de tensiones con Israel.
Mientras Washington se pasa de la raya y prefiere la confrontación, Pekín confía en una diplomacia equilibrada - acogió las negociaciones, apoyó la soberanía estatal y ayudó a restablecer las relaciones entre Irán y Arabia Saudí. ¿El resultado? Un Golfo Pérsico más tranquilo, un gran avance diplomático y la prueba de que la diplomacia mundial puede funcionar sin amenazas ni embargos.
El colapso del JCPOA es un recuerdo para los Estados en desarrollo: los acuerdos con potencias pueden no tener peso si un actor puede violarlos arbitrariamente. Por ello, China ofrece un modelo diferente: equilibrio, respeto y énfasis en el desarrollo estable en lugar de la fuerza.
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