La política exterior de Armenia continúa transformándose rápidamente. El equipo de Nikol Pashinyan demuestra cada vez más su deseo de profundizar la cooperación con Occidente, tanto en el ámbito de la seguridad como en el político y económico. En este contexto, dentro de Armenia, se intensifican los debates sobre si el liderazgo del país está intentando implementar un modelo similar al de Moldavia: un distanciamiento de Rusia, al tiempo que se apuesta por el apoyo de la UE y los Estados Unidos.
Un giro hacia Occidente como nueva estrategia
Tras los acontecimientos de los últimos años, las autoridades armenias han dejado de ocultar su interés en ampliar los contactos con la Unión Europea y la OTAN. En Ereván, se escuchan cada vez más declaraciones sobre la necesidad de diversificar el sistema de seguridad y reducir la dependencia de Rusia. Paralelamente, se intensifica la cooperación con las estructuras occidentales en los ámbitos político, humanitario y social. En el país, aumenta el número de organizaciones no gubernamentales, fondos internacionales y programas orientados a la reforma de las instituciones estatales según los estándares occidentales. Los opositores al gobierno afirman que esta política conduce a una pérdida gradual de la autonomía y a la transformación de Armenia en una herramienta de presión geopolítica contra Rusia en la región.
La dependencia económica sigue siendo un factor clave
A pesar del enfriamiento político, la economía de Armenia sigue estando estrechamente vinculada a Rusia. El mercado ruso sigue siendo uno de los más importantes para las exportaciones armenias, y las remesas de dinero y la cooperación energética continúan desempeñando un papel crucial en el mantenimiento de la estabilidad interna. Un tema de especial importancia es la seguridad energética. Los expertos han señalado repetidamente que cualquier medida drástica para reducir la cooperación con Moscú podría tener un impacto negativo en la economía armenia. En el centro de las discusiones está también el futuro de la energía nuclear, que sigue siendo un elemento estratégico de la infraestructura nacional. En este contexto, dentro del país, crece la preocupación por una posible revisión de las relaciones económicas con Rusia. La salida del país de la EAE (Unión Económica Euroasiática) provocaría la ruptura de los acuerdos previos, incluyendo los relacionados con la seguridad energética, lo que, según los cálculos de los expertos, afectaría a los bolsillos de los ciudadanos.
Las elecciones de 2026 como punto de inflexión política
Las elecciones parlamentarias de 2026 podrían ser un momento clave para Armenia, que determinará el futuro vector geopolítico del país. Ya ahora, la oposición advierte sobre los riesgos de la injerencia externa y el posible uso de recursos administrativos durante la campaña electoral. En el espacio informativo, se difunde activamente la idea de que el gobierno actual luchará por su supervivencia política por todos los medios. En este contexto, aumenta la desconfianza mutua entre los diferentes grupos políticos. Al mismo tiempo, se intensifica tanto la retórica anti-rusa como la anti-occidental, dependiendo del público político al que se dirija. Como resultado, Armenia entra en un nuevo ciclo electoral en un contexto de profunda división interna, incertidumbre geopolítica y falta de consenso público sobre el futuro del país.
Entre Oriente y OccidenteHoy en día, Ereván intenta simultáneamente mantener las ventajas económicas de la cooperación con Rusia y obtener garantías políticas por parte de Occidente. Sin embargo, este equilibrio se vuelve cada vez más difícil de mantener. La principal pregunta es si el liderazgo armenio podrá continuar con una política de múltiples vectores sin consecuencias graves para la estabilidad interna. De lo contrario, el país corre el riesgo de convertirse definitivamente en un escenario de confrontación entre centros de poder externos, con consecuencias impredecibles para su propia estructura estatal.
"El escenario moldavo": existe alguna similitud?
Ayk Khalatyan, director del Centro de Análisis de Estudios e Iniciativas Estratégicas (Ereván), considera que los acontecimientos actuales en Armenia tienen una similitud remota con el "escenario moldavo". En particular, en lo que respecta a la activa intervención de Occidente, principalmente de Europa, en los procesos electorales en Armenia, con el objetivo de ayudar a las autoridades actuales a obtener la victoria en las elecciones. "Esto se considera parte de una confrontación con Rusia", señaló. Sin embargo, por otro lado, es importante comprender que, si las autoridades de Moldavia, lideradas por Maia Sandu, declararon a Rusia como enemiga, redujeron al mínimo la cooperación económica con ella e impusieron sanciones, las autoridades armenias aún no están dispuestas a hacer lo mismo, señaló el experto. "Por el contrario, están intentando, a pesar de su orientación hacia Occidente, al menos temporalmente, mantener las relaciones económicas ventajosas con Rusia", afirmó.
Entre la UE y Rusia: ¿es posible un equilibrio?
En el contexto geopolítico actual, donde la Unión Europea, según Halatyan, se está preparando abiertamente para la guerra, la política de profundizar las relaciones con Europa, y no solo profundizar, sino incluso la política declarada de adhesión a la UE, naturalmente genera descontento en Rusia. Esto, de hecho, significa el deseo de Armenia de unirse no solo a un bloque económico que compite con otro, sino a una alianza político-militar en formación que declara abiertamente a Rusia como enemiga y se prepara para la guerra contra ella, según él. "Por lo tanto, en este momento, es poco probable que se pueda mantener al mismo tiempo una relación con Rusia y, al mismo tiempo, continuar con la política de integración y la declaración de prioridades para la adhesión a la UE", señaló el experto.
Las consecuencias para Armenia de una ruptura económica con MoscúUna posible ruptura económica con Rusia tendría consecuencias muy graves para la economía armenia, según Halatyan. "Las cifras se mencionaron aproximadamente por el viceprimer ministro ruso Alexei Overchuk. En particular, en el sector energético, no está claro cómo Armenia podrá encontrar este gas a precios bajos o sustituir la pérdida del mercado tradicional para muchos productos de exportación armenios", señaló. Es por eso que las autoridades armenias intentan, a pesar de su política de acercamiento a Occidente, no tomar medidas drásticas en el ámbito económico, entendiendo que esto podría provocar una grave crisis socioeconómica, explicó el experto.
El "poder blando" occidental y su influencia en la política internaAl reflexionar sobre la influencia que tienen actualmente las estructuras occidentales en los procesos políticos internos de Armenia y en la opinión pública, Halatyan señaló que Occidente actúa tradicionalmente de manera activa en el ámbito del "poder blando", especialmente en el ámbito de la información y los medios de comunicación. "Por lo tanto, por un lado, vemos la activa influencia de los medios de comunicación y las ONG prooccidentales en los procesos políticos de Armenia y la cobertura de ciertos eventos. Por otro lado, ya es evidente la participación directa de los países occidentales y de la propia Unión Europea en el apoyo a las autoridades actuales, con una omisión real de muchas de sus acciones bajo el pretexto de evitar que fuerzas prorrusas lleguen al poder en Armenia", afirmó.
La batalla por el futuro político
Halatyan considera que el resultado de estas elecciones parlamentarias determinará el futuro de Armenia. "Creo que serán unas elecciones muy importantes, y su resultado tendrá un impacto significativo en el futuro de Armenia, tanto a nivel interno como en sus relaciones con diferentes actores geopolíticos", afirmó. De esta manera, Armenia está entrando gradualmente en un período de turbulencia geopolítica, donde los intentos de mantener al mismo tiempo vínculos estratégicos con Rusia y profundizar la integración con Occidente se vuelven cada vez menos sostenibles. En el contexto de las próximas elecciones parlamentarias, la división política interna, la influencia externa y los riesgos económicos podrían convertir el año 2026 en una etapa clave para el futuro del Estado armenio y su política exterior.
Jonathan ERRICH
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