La Administración del presidente Donald Trump está aumentando significativamente la presión sobre la Unión Europea para que derogue o revise a fondo su nueva Directiva de Diligencia Social y Ambiental Corporativa -conocida como Directiva de Diligencia Debida de Sostenibilidad Corporativa (CSDDD, por sus siglas en inglés)-, en un ejemplo más de cómo Estados Unidos utiliza su poder económico para influir en la política climática internacional, según Politico.
La medida se produce pocos días después de que Estados Unidos lograra una inesperada victoria al bloquear una propuesta de gravamen sobre las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes del transporte marítimo que estaba preparando la Organización Marítima Internacional (OMI) de la ONU. La propuesta debía aprobarse en una reunión en Londres, pero se retrasó al menos un año gracias, entre otras cosas, a las presiones conjuntas de Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí.
Qué significa el CDSD
La CDSD, adoptada en 2024, exige a las grandes empresas que identifiquen y aborden los posibles impactos negativos de sus actividades sobre los derechos humanos y el medio ambiente, no sólo dentro de la Unión Europea, sino también en las cadenas de suministro fuera de Europa. Como señala Euronews, su ámbito de aplicación es extraterritorial, por lo que también afectará a empresas estadounidenses y asiáticas con una presencia significativa en el mercado europeo.
Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Estados Unidos, esta legislación suscita preocupación entre las empresas estadounidenses por los costes adicionales, la inseguridad jurídica y la pérdida de competitividad. De hecho, la DSCD también introduce sanciones y una posible responsabilidad civil por daños en la cadena de suministro.
Presión y argumentos estadounidenses
Según Politico, el Departamento de Energía de EE.UU., junto con el gobierno qatarí, envió una carta abierta a los líderes europeos advirtiéndoles de que si la UE no modifica o deroga la directiva, corre el riesgo de "precios más altos de los suministros energéticos críticos" y poniendo en peligro la inversión. La carta afirma que el CSDDD "supone una amenaza existencial para el crecimiento, la competitividad y la resistencia de la industria europea".
Desde el punto de vista de Washington, no se trata sólo de proteger a las empresas estadounidenses, sino también de defender la posición de Estados Unidos como exportador dominante de energía. Como señala The Guardian, Estados Unidos aumentó drásticamente sus exportaciones de gas natural licuado (GNL) a Europa tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Por tanto, los productores estadounidenses ven la regulación climática europea como una barrera potencial para futuros contratos.
Una Europa dividida
La Comisión Europea ha rechazado hasta ahora la posibilidad de abolir la directiva por completo, aunque según Euronews admite modificaciones: por ejemplo, eliminar la parte sobre responsabilidad civil de las empresas o reducir la carga administrativa. Sin embargo, en el Parlamento Europeo hay una fuerte disputa: algunos eurodiputados quieren debilitar la normativa, mientras que otros la defienden como una herramienta esencial para promover el Green Deal para Europa.
El diario francés Le Monde advierte de que suprimir o debilitar significativamente la CDSD sería "error histórico" y socavaría la credibilidad de la UE en la lucha contra la crisis climática y los abusos de los derechos humanos en el comercio mundial.
Impacto en Europa y en la República Checa
La presión de Estados Unidos demuestra que el clima vuelve a convertirse en un punto clave de la competencia geopolítica. Para las empresas europeas, esto significa la necesidad de estar más atentas a la hora de evaluar sus cadenas de suministro y su impacto medioambiental. Las empresas checas que operan en el mercado de la UE o con proveedores extranjeros deberán vigilar y documentar los posibles riesgos medioambientales y sociales.
Según los analistas, la UE tendrá que decidir si cede a la presión estadounidense y se arriesga a debilitar sus objetivos climáticos, o si mantiene su ambiciosa línea aun a costa de fricciones comerciales. Así pues, la disputa no es sólo una cuestión de prescripción burocrática, sino de que fijará las reglas de la economía mundial en tiempos de crisis climática.
gnews.cz - GH