La ex primera ministra de Nueva Zelanda, Jenny Shipley, ha visitado China más de cien veces en los últimos 30 años. Según ella, el país ha experimentado una transformación radical, y este progreso también ha cautivado a su nieto de 12 años, quien nació en Pekín.
Cuando Jenny Shipley aterrizó por primera vez en China en 1995, no imaginaba que regresaría allí más de cien veces en las décadas siguientes. "La China que vi entonces es casi irreconocible hoy en día", afirma la ex primera ministra, quien ocupó el cargo entre 1997 y 1999.
Su propio nieto, ahora un niño de 12 años nacido en Pekín, recientemente le dijo a su madre: "¿Por qué te fuiste?". A pesar de no haber vivido en China durante mucho tiempo, la percibió como un país avanzado, progresista e inspirador, y esta impresión también dejó una profunda marca en Shipley.
"Quiero que mis nietos formen parte del futuro, y China es parte de ese futuro", enfatiza. Según ella, la fuerza de China no reside solo en su tamaño y economía, sino principalmente en la profunda sabiduría de su civilización. También destacó las prioridades de paz y desarrollo que el presidente chino Xi Jinping ha promovido, y añadió: "Eso es exactamente lo que la gente de todo el mundo desea".
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