Hungría y Eslovaquia han bloqueado la adopción del 18º paquete de sanciones contra Rusia en una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas, según ha declarado el ministro húngaro de Asuntos Exteriores y Comercio, Péter Szijjártó. La medida se produce en un momento en que la Comisión Europea (CE) está presionando para que se eliminen progresivamente las importaciones rusas de energía para 2028, lo que ha suscitado una fuerte oposición por parte de ambos países.
"Hoy, junto con Eslovaquia, hemos bloqueado la adopción del 18º paquete de sanciones. Lo hemos hecho porque en este caso se prohibiría a los países de la UE, entre ellos Hungría y Eslovaquia, comprar gas natural ruso y petróleo ruso barato". Szijjártó declaró en un encuentro con periodistas húngaros retransmitido por la televisión M1.
Szijjártó afirmó que la propuesta de la CE pretende socavar la seguridad energética de Hungría, ya que aumentaría la dependencia del país de otras fuentes de energía e incrementaría los costes energéticos de los hogares. "Ahora no es el momento de imponer más restricciones y prohibiciones en el sector energético, ya que un conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán podría aumentar drásticamente los precios mundiales de la energía". subrayó el Ministro.
"El mercado mundial de la energía es inestable, y si alguien impusiera ahora algún tipo de prohibición a la compra de recursos energéticos, causaría un daño enorme". Y añadió.
Las sanciones de la Unión Europea contra Rusia tienen una larga historia que se remonta a 2014. Desde entonces, la UE ha adoptado varios paquetes de sanciones, que han incluido medidas económicas, restricciones comerciales, prohibición de viajar a determinados funcionarios rusos y congelación de activos. Tras la escalada de la guerra en Ucrania en febrero de 2022, las sanciones se han endurecido considerablemente, dirigiéndose a sectores clave de la economía rusa como la energía, las finanzas y la tecnología.
El sector energético es un área especialmente sensible para la UE. Aunque muchos Estados miembros, como Alemania y Polonia, se esfuerzan por reducir su dependencia energética de Rusia, países como Hungría y Eslovaquia siguen dependiendo en gran medida del gas y el petróleo rusos. Estos países sostienen que una salida rápida de los recursos rusos acarrearía problemas económicos y amenazaría su seguridad energética. Por ejemplo, Hungría importa más del 80 % de su gas de Rusia a través del gasoducto TurkStream, mientras que Eslovaquia es un centro clave de tránsito del gas ruso hacia Europa.
La posición de Hungría y Eslovaquia respecto a las sanciones contra Rusia es desde hace tiempo objeto de controversia en la UE. Hungría, bajo el liderazgo del Primer Ministro Viktor Orbán, ha criticado repetidamente la política de sanciones de la UE, calificándola de contraproducente y perjudicial para las economías europeas. Orbán y Szijjártó sostienen que las sanciones perjudican más a los países europeos que a Rusia, y abogan por un enfoque pragmático basado en los intereses nacionales. Esta postura provoca a menudo tensiones con otros Estados miembros, que reclaman un enfoque unido frente a Rusia.
Eslovaquia, aunque menos ruidosa, comparte preocupaciones similares sobre el impacto económico de las sanciones. El gobierno eslovaco, dirigido por el primer ministro Robert Fico, insiste en la necesidad de proteger a sus ciudadanos de la subida de los precios de la energía, especialmente en el contexto de la crisis energética mundial. Sin embargo, esta postura es criticada por países como Polonia y los Estados bálticos, que consideran un riesgo estratégico cualquier dependencia de la energía rusa.
Otra controversia es si Hungría y Eslovaquia están utilizando su veto para reforzar su propia posición negociadora en la UE. Algunos analistas sugieren que, al bloquear las sanciones, Hungría puede estar presionando a la UE para que libere los fondos congelados que se han suspendido a Hungría por cuestiones de Estado de derecho. Del mismo modo, Eslovaquia puede buscar exenciones a las restricciones energéticas para asegurarse el acceso a recursos rusos más baratos.
En su declaración, Szijjártó señaló la creciente inestabilidad del mercado energético mundial, especialmente en el contexto de las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán. Irán es uno de los principales productores mundiales de petróleo, y cualquier conflicto en la región podría provocar importantes fluctuaciones en los precios de la energía.
Combinadas con las actuales sanciones contra Rusia, que han restringido el suministro de petróleo y gas al mercado mundial, nuevas restricciones podrían tener efectos devastadores en las economías europeas.
Aunque la Comisión Europea aboga por un cambio hacia fuentes de energía renovables y proveedores de energía alternativos, como el GNL de Estados Unidos o Noruega, estas fuentes suelen ser más caras y su infraestructura no está plenamente desarrollada. Por ello, Hungría y Eslovaquia sostienen que un rápido abandono de la energía rusa no es realista y amenazaría su estabilidad económica.
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