La reciente presentación de credenciales a 18 nuevos jefes de misión en la Casa de Huéspedes Presidenciales Sefako Makgatho de Pretoria, el 2 de octubre, tuvo lugar en un momento de aceleración del realineamiento mundial de fuerzas. Lo que puede parecer un protocolo ceremonial es, en un sentido estratégico, un indicador de los cambios en los cálculos del poder mundial, los bloques de influencia emergentes y el creciente papel de África a la hora de dar forma a los resultados, no sólo de recibirlos.
La acreditación de embajadores de América Latina, África Septentrional y Occidental, Asia Meridional y Central, Escandinavia y Europa Meridional demuestra la posición de Pretoria no sólo como socio bilateral, sino también como nodo geopolítico en las estructuras multilaterales emergentes que pretenden romper la inercia y el desequilibrio de los centros de poder tradicionales.
Diplomacia en la transición multipolar
La política exterior sudafricana ha pasado de la gestión de la percepción a la defensa de las políticas. El país ha asumido un papel de liderazgo en la lucha contra la justicia selectiva en virtud del derecho internacional, en la resistencia a la alineación geopolítica forzada y en la defensa de reformas de la gobernanza mundial que reflejen la nueva distribución del poder político y económico.
Los tres pilares de la política exterior han cobrado mayor protagonismo:
- Multipolaridad en lugar de alineación hegemónica
- Convergencia de políticas Sur-Sur y cooperación económica
- La reforma institucional como palanca estratégica, no como exigencia retórica
Desde los litigios en el Tribunal Internacional de Justicia hasta la proliferación de los BRICS, Pretoria ya no reacciona a la dinámica del poder mundial, sino que la configura.
BRICS+, G20 y la reconstrucción de la gobernanza mundial
La posición de Sudáfrica en el BRICS+ ha pasado de ser una mera participación simbólica a una posición de influencia estratégica. La expansión del bloque ha cambiado el equilibrio en materia de energía, arquitectura financiera y coordinación del desarrollo. Para varios de los embajadores recién llegados, Pretoria no es sólo un gobierno anfitrión, sino un intermediario clave en un sistema emergente que se desmarca del dominio financiero y político occidental.
Dentro del G20, Sudáfrica se ha convertido en un conducto entre las economías en desarrollo y los países industrializados en las negociaciones sobre reestructuración de la deuda, gobernanza tecnológica, financiación de la adaptación al clima y seguridad alimentaria.
África como negociador, no como campo de batalla
El AfCFTA ha cambiado la forma de enfocar África desde el exterior. Los diplomáticos acreditados en Sudáfrica deben ver cada vez más la política desde una perspectiva continental:
- integración regional
- el desarrollo de infraestructuras transfronterizas
- soberanía energética renovable
- localizar la producción y las cadenas de valor de las materias primas críticas
La influencia diplomática de Sudáfrica también se está ampliando a través de la mediación para la paz y la seguridad en países como Congo (RDC), Sudán, Mozambique y otros.
La reforma de la ONU y la disputa sobre el derecho internacional
La postura de Sudáfrica ante la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, los regímenes de sanciones y las decisiones judiciales de la Corte Internacional de Justicia muestra un reajuste más amplio en la forma en que los Estados del Sur Global abordan el derecho internacional. Es probable que los embajadores procedentes de países con experiencia de intervencionismo, marginación o exclusión -como Argelia, Serbia, Sierra Leona, Sudán y Tayikistán- encuentren un alineamiento político natural con Pretoria.
Diplomacia económica en transición
Las misiones diplomáticas en Sudáfrica se centrarán cada vez más en modelos de asociación que vayan más allá de la extracción de recursos. El compromiso económico en sectores como:
- fuentes de energía renovables y de transición
- tecnología minera y posterior recuperación de materias primas
- Logística, corredores marítimos y alianzas portuarias
- cadenas de automoción y vehículos eléctricos
- transformación agraria y agricultura resistente al clima
- digitalización y política de ciberseguridad
- fabricación de vacunas y productos farmacéuticos
Países como Suecia, Argentina, Uzbekistán, Tailandia y Pakistán están bien situados para beneficiarse de la cooperación en sectores específicos.
Previsiones para la cooperación regional
- América Latina (Argentina, Chile, Ecuador)
Se espera que la cooperación se profundice en el marco BRICS+, las transiciones energéticas, las cadenas de valor del litio y el hidrógeno, el comercio agroindustrial, la cooperación espacial y las plataformas multilaterales de reforma. - África del Norte y Occidental (Argelia, Mauritania, Sierra Leona, Liberia)
Es probable que la cooperación se centre en la reforma de la Unión Africana, la cooperación en materia de seguridad, la coordinación contra el terrorismo en el Sahel, el desarrollo portuario en los corredores atlántico-africanos y la política industrial continental a través del AfCFTA. - África Austral y Central (Zambia, Congo RDC, Sudán)
Los temas clave serán la integración de infraestructuras, el beneficio de los minerales, el reparto regional de la energía y los mecanismos de gobernanza para las estructuras de paz y mediación de la UA. - Asia Meridional y Central (Pakistán, Sri Lanka, Uzbekistán, Tayikistán)
Se prevén asociaciones en cadenas de valor textil, autosuficiencia farmacéutica, transformación agrícola, digitalización, lucha antiterrorista, logística y ciencia espacial. - Europa y Escandinavia (España, Serbia, Suecia)
La cooperación pondrá a prueba el equilibrio entre una posición diplomática alineada con la UE y la solidaridad del Sur global. Los ámbitos clave serán el hidrógeno verde, las tecnologías del transporte, la pesca, la seguridad marítima, la mediación en la posguerra y la transformación industrial. - Sudeste asiático (Tailandia)
Es probable que el compromiso venga determinado por el turismo, las exportaciones agrícolas, la cooperación Sur-Sur en materia de defensa, la gobernanza de los océanos, la pesca y la capacidad de recuperación energética.
Horizonte diplomático
La llegada de 18 jefes de misión a Pretoria es un recordatorio de que la diplomacia del siglo XXI ya no está sujeta al legado de las jerarquías de poder. Sudáfrica no acepta las consecuencias de la transición geopolítica, sino que participa en su configuración.
La postura firme del país en materia de justicia legal, reforma multilateral, soberanía económica y desvinculación ha suscitado tanto resistencia como reconocimiento. Lo que distingue a este periodo no es la controversia, sino la credibilidad: cada vez más, Pretoria no es vista como seguidora de un consenso político heredado, sino como coautora de marcos emergentes en materia de finanzas, clima, consolidación de la paz, infraestructuras y reforma de la gobernanza.
Para los embajadores recién acreditados, la misión en Sudáfrica no seguirá los escenarios convencionales. Exigirá conocer la política de la transición, la economía de la redistribución y la diplomacia de la multipolaridad.
En un mundo en el que se está renegociando la influencia y se está reasignando el poder, su misión en Pretoria puede resultar menos un ejercicio de observación y más un ejercicio de adaptación a un nuevo orden mundial, que no se creará sin África ni al margen de la voz estratégica de Sudáfrica.
Kirtan Bhana y Anisha Pemjee, TDS
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